EVOLUCIONES HISTÓRICAS
 
Avatares del Pan-caribeñismo de Eric Williams

 

En 1966, Sidney Mintz escribió: “…los líderes políticos del Caribe han trabajado sólo raramente en serio hacia un tipo de conciencia Pan Caribe o identidad. Hombres como Williams en Trinidad, Castro de Cuba y el difunto Manley de Jamaica han visualizado esa identidad, pero permanece en gran parte como un sueño del futuro”.Al momento que Mintz realizó este planteamiento, la visión de una conciencia o identidad Pan Caribe era, en el caso de Williams, un proyecto en desarrollo por el que estaba luchando seria y arduamente. En seguimiento a esto, el propósito de este artículo es analizar la manera como Williams trascendió lo que Mintz sugirió como “sueño del futuro”.

En esta investigación se consultaron variadas fuentes como, por ejemplo, documentos gubernamentales en los Archivos Nacionales de Estados Unidos y Gran Bretaña y de la Fundación Luis Muñoz Marín en Puerto Rico. Pero, los principales registros documentales los componen los propios textos de Williams como artículos en revistas académicas, libros, discursos, correspondencia personal y oficial, y agendas de varios años depositados en la Eric Williams Memorial Collection de la University of the West Indies, en su campus de St. Augustine, Trinidad y Tobago.1

Trasfondo

Eric Williams, el mayor de siete hijas y cinco hijos, perteneció a una familia de la clase media baja urbana de color y fe católica en Port of Spain. Poco nos dice Williams de su familia política en su autobiografía pero en uno de los borradores que esbozó para esa obra escribió que T.A. Marryshow (1887-1958), de la vecina isla de Granada, era su padrino sin mencionarlo en la versión publicada.Al presente, no existe constancia de que en sus escritos Williams se refiera a Marryshow, quien descolló como orador, bibliófilo, periodista y editor del periódico The West Indian. Ni siquiera su panfleto Cycles of Civilisations, en el cual publicó en 1917 varias columnas suyas aparecidas en The West Indian para rebatir el planteamiento racista de supremacía blanca del General Jan Smuts de Sudáfrica, es mencionado en las obras de Williams.

¿Por qué Williams eliminó toda mención a tan importante figura? Una posible explicación es que las diferencias en estilo y contenido entre ambos son abismales. Aunque crítico, ya en su vejez, Marryshow era respetuoso, complaciente y no conflictivo en sus relaciones y escritos hacia la metrópoli imperial. Aún en su ausencia, la presencia de Marryshow puede percibirse como una influencia temprana en el interés de Williams por la historia, su amor por los libros y en el desarrollo de su pensamiento político integracionista.

Según nos narra en su autobiografía, la ambición de su padre lo forzó a utilizar la educación como avenida de movilidad social. Desde niño ganó varias becas, que le permitieron estudiar en la mejor escuela secundaria pública del país, Queen's Royal College, y después en Oxford University. En Queens Royal College tomó clases con el ilustre hombre de letras y marxista trotskista C.L.R. James, quien un poco más tarde fue su tutor para ganar la codiciada Beca Insular para estudiar en Gran Bretaña y, eventualmente, fungió consejero académico y político hasta su rompimiento en 1960.

Oxford University y Howard University

Williams terminó en 1937 un doctorado en historia en Oxford University, el primer caribeño en obtener ese grado sumo en esa disciplina. Su tesis, titulada “The Economic Aspects of the Abolition of the West Indian Trade and Slavery”, colisionó con la ortodoxia reinante en la historiografía británica que atribuía al humanitarismo la campaña que llevó al fin del comercio de esclavos y la esclavitud en Inglaterra. En ese estudio se compenetró con dos temas -la plantación de caña de azúcar y la esclavitud africana- que serían constantes en su investigación histórica y determinantes en su concepción del Caribe.

En 1939 Williams obtuvo empleo en Howard University, la que denominó el “Oxford Negro”, en Washington, D.C. A su llegada, el centro de gobierno de los Estados Unidos estaba en ebullición ante la inminente intervención del país en la Segunda Guerra Mundial. Como veremos, durante los próximos 10 años, hasta el 1948, Williams se insertó en el frente académico-político de discusiones sobre el Caribe por medio de sus publicaciones históricas y de la actualidad de la región y su trabajo en las organizaciones regionales del Caribe: la Comisión Anglo Americana del Caribe (1942-1945) y su sucesora, la Comisión del Caribe (1946-1961).

El Caribe Hispano y Haití

La fortaleza principal de Williams era un conocimiento profundo de la historia europea y del Caribe británico, el resultado hasta ese momento de investigaciones en archivos metropolitanos y su vivencia londinense en la década depresiva y políticamente álgida de los 30. En 1940 realizó con éxito, gracias en gran parte a su dominio del español y el francés, su primer viaje de investigación histórica a Cuba, Puerto Rico, Haití y la República Dominicana.

Su parada inicial fue en Cuba, donde encontró la vida intelectual más fecunda de la región. Allí se reunió con su “amigo firme”, el “monumental” Fernando Ortiz (1881-1969).Williams, renuente al momento de aceptar deudas intelectuales, reconoce la suya con Ortiz, cuyas “extensas investigaciones sobre la historia y sociedad de Cuba han sido a lo largo de los años uno de los grandes estímulos y una de las mayores ayudas en mi propio desarrollo intelectual y mis propias investigaciones académicas”.A Puerto Rico lo describió como “deprimente” por la pobreza, la prostitución, “estadounidenses en todos sitios”, el idioma español subordinado al inglés y un “colonialismo estadounidense nada ambiguo”.En la Universidad de Puerto Rico conoció a Jaime Benítez, quien un año más tarde fue nombrado Rector. En la República Dominicana, bajo la férrea y sangrienta dictadura de Rafael L. Trujillo, estuvo pocos días porque “el silencio de la tumba reinaba en todos sitios -perturbado sólo por el sonido de las botas del ejército-; no había con quién hablar, pocos datos para recoger, ningún libro para comprar”.A cuatro años de la masacre de miles de haitianos, el silencio del terror, y quién sabe si el tradicional racismo dominicano, impidió que escuchara en persona a los intelectuales nacionales. Esta carencia de comunicación y, por ende, de conocimiento ocasionó la consiguiente ausencia relativa de la República Dominicana en su obra y acción política futura integracionista.2

En Haití, la falta de tiempo y efectivo limitaron su visita a la capital Port-au-Prince. Buscó y conoció “al famoso sociólogo, Jean Price-Mars, con su Ainsi Parla l'Oncle”.3 Allí se enteró por el Representante Fiscal de los Estados Unidos que el Primer Ministro británico “Churchill había aceptado conceder a Roosevelt unas bases en Trinidad”.4 Esta concesión, contra la cual Williams lucharía ferozmente casi dos décadas más tarde, lo hizo más conciente de la importancia estratégica de la región caribeña para los Estados Unidos.5 Según Williams, este viaje a la región sentó “las bases para mi surgimiento como el portavoz académico del Caribe” y abrió su perspectiva del Caribe más allá de su isla nativa y la subregión británica ya que “en 1940 más que cualquier otro, yo era el caribeño con más contacto directo y cercano, histórico y actual, con la totalidad del área del Caribe”.

La Federación Antillana

En The Journal of Negro Education en 1941, Williams presentó por primera vez su concepción de una futura “federación o unión Pan Antillana”.Al explicar el proyecto, utilizó el vocablo “Caribe” en su sentido británico, es decir, las islas del Caribe o las Antillas y no en el sentido estadounidense que incluye las repúblicas independientes de Tierra Firme que orillan el Caribe. Además, discutió tres aspectos, algunos de los cuales -como veremos más adelante- repetirá, modificará o eliminará en años subsiguientes hasta sus últimas declaraciones en 1981.

El primer aspecto fue la base histórica-social de las Antillas, la cual radica en una población laboral predominantemente negra con una herencia común en la esclavitud y lo cual facilita algunas formas de cooperación. Para Williams, “con un trasfondo, historia y orígenes raciales y agrupamientos básicamente similares, gravados por la misma maldición económica, las dinámicas de estas áreas artificialmente diferentes son las mismas, y es tiempo de prestar atención a las identidades fundamentales en vez de las diferencias incidentales”.

El segundo aspecto fue el relativo a los diferentes “barnices culturales” franceses, británicos y españoles -dejó fuera el holandés, probablemente por omisión- que pueden hacer imposible la reconciliación; pero comentó que se debe recordar que las actitudes de las “razas latinas” hacia el negro son por variadas razones básicamente diferentes a las de los anglosajones. El tercer aspecto era el papel de liderato de Cuba, el cual es “inevitable no sólo por razón de su tamaño sino por virtud de sus contribuciones intelectuales que son un oasis intelectual en el desierto de esterilidad intelectual que el azúcar ha creado y llamado una civilización de pueblos atrasados”.

Williams publicó The Negro in the Caribbean en 1942, una obra de denuncia del colonialismo, la falta de democracia y al monocultivo del azúcar en la región y que, según escribió, “estableció mi reputación”.Su definición del Caribe se amplió al incluir a todas las islas del archipiélago y a las Guayanas (hoy Guyana, Guayana Francesa y Surinam) y Honduras Británica (hoy Belice) “porque son similares en su economía al igual que en el carácter racial de su población”.6

En ese libro, Williams, el historiador, ante la inminencia de la creación de la Comisión Anglo Americana del Caribe, esbozó una concepción del Caribe dirigida a influir a los políticos y funcionarios gubernamentales, los decision makers de las metrópolis, y a los futuros líderes políticos caribeños al afirmar que “no sólo una federación política de acuerdo a las nacionalidades sino también una federación económica es el camino a seguir por el estadista en el futuro”. Ante la posible objeción de lo poco práctico de este esquema, su respuesta fue catastrófica: “...el Caribe, como todo el mundo, se federalizará o colapsará”. En el ambiente del momento, la propuesta de Williams era una de muchas que circularon para influir en la creación del mundo de la posguerra.

La comisión anglo-americana del Caribe

En marzo de ese año se anunció la creación de la Comisión Anglo-Americana del Caribe (CAAC), un organismo compuesto por Gran Bretaña y los Estados Unidos, cuyos objetivos eran la implantación de varios programas económicos y sociales en sus áreas coloniales. De inmediato Williams cabildeó por un nombramiento pero sólo obtuvo un puesto como consultor en la Oficina de Asuntos Estratégicos, la antecesora de la CIA, pues el hecho de no tener la ciudadanía estadounidense hizo imposible mayores responsabilidades.

Paralelo a estas gestiones, Williams -en su papel de profesor de Howard University- organizó una conferencia sobre el futuro económico del Caribe. En esa actividad Williams ofreció una ponencia sobre el tema de la conferencia en la cual examinó nueve aspectos de las economías caribeñas.En el último presentó un diagnóstico del presente y futuro del Caribe, destacando la necesidad de una cooperación económica, basada en la interdependencia, para competir en la economía mundial: “…el Caribe es una expresión geográfica… una colección de unidades aisladas, funcionando cada una aislada de las otras… La federación hará posible el desarrollo económico ahora imposible y le dará al Caribe el poder de negociación en el mundo que las unidades aisladas no tienen... los pueblos del Caribe llevan algunos años reconociendo el principio de la independencia; es tiempo ahora que reconozcan el privilegio de la interdependencia”.

Este proyecto de federación de Williams armonizaba con la política de la CAAC de propulsar unas relaciones económicas y comerciales más cercanas entre las islas caribeñas dentro de un marco de mayor participación política. Tres meses después de la conferencia Williams fue nombrado a un puesto de poca monta en la CAAC pero ya en 1944 se hizo cargo de las investigaciones del Comité de Agricultura del Consejo de Investigaciones del Caribe de la organización sub-regional. En ese mismo año publicó su obra clásica Capitalism and Slavery, una revisión sustancial de su tesis doctoral, la cual le trajo un enorme reconocimiento en el mundo académico. Ahora el renombrado historiador, con una concepción del Caribe y un proyecto federativo, se convirtió en un actor dentro de la CAAC que entendía sería determinante en el futuro del área en su totalidad. En los próximos años, Williams visitó por cuestiones de trabajo prácticamente todas las colonias británicas, francesas y holandesas. En su autobiografía expresó: “El viajar amplió mi visión de las Indias Occidentales, profundizó mis investigaciones históricas y aumentó mis contactos políticos”.

La comisión del Caribe

La dedicación y éxito de Williams creció al grado que aceptó el puesto de director adjunto de investigaciones del Consejo de Investigaciones del Caribe en Port of Spain, donde se re-ubicó la sede de la organización, ahora llamada la Comisión del Caribe con la adición de Francia y Holanda. Ese puesto fue una experiencia vital en el desarrollo de su pensamiento y acciones posteriores aunque, según dice en sus memorias, sufrió consistentemente el prejuicio racial y la apatía metropolitana hacia la región. A su cargo tuvo estudios de los problemas económicos, comerciales y agrícolas regionales, entre ellos, la tenencia de tierras, la producción de tubérculos y carnes, el tráfico comercial intra-caribeño, la industria del azúcar y el turismo. Aunque Williams se esforzó por enfocar toda investigación dentro del marco regional, la tendencia metropolitana cambió y su interés era, en el mundo de la postguerra, reforzar las relaciones bilaterales con sus colonias.

En 1952, con varios años de estudios históricos y contemporáneos de las distintas realidades de las islas caribeñas, Williams adquirió conciencia de algunas dificultades para una mayor cooperación entre los países del Caribe. Entre ellas mencionó el aislamiento causado por las distancias y la ausencia de comunicaciones adecuadas, las rivalidades internacionales en la región y los celos intra-insulares. Pero señaló las barreras lingüísticas y la ausencia de un cuerpo común de conocimiento como los obstáculos más importantes.A los efectos de enfrentar esta ausencia de un corpus histórico regional, Williams dirigió su trabajo académico y educativo fuera de la Comisión del Caribe. Con esto en mente, fundó, como presidente de la Trinidad and Tobago Historical Society, la primera revista histórica del Caribe, el Caribbean Historical Review, cuya publicación se extendió de 1950 a 1954.

Williams intentó con poco éxito incorporar en sus proyectos a instituciones y personas de Trinidad y Tobago y de la región. Uno de los proyectos que quedó en el aire fue una compilación de documentos, en tres volúmenes, sobre la historia del Caribe para llevarse a cabo por Williams y publicarse por la Universidad de Puerto Rico. La obra se titularía Readings in Caribbean History y Williams propuso añadirle el subtítulo de From Columbus to Muñoz Marín explicando que: “Aunque mi fuerte admiración personal por él [Luis Muñoz Marín] como uno de los productos más grandes de la tierra caribeña no está ausente de mi decisión, el factor principal es… que simboliza el movimiento popular en el Caribe y además es la persona representativa del período más reciente de la historia del Caribe como lo fueron en otras épocas Colón, Colbert, Toussaint Louverture, entre otros”.7

El Rector Jaime Benítez, sin consultar con el Gobernador Muñoz Marín, rechazó el título propuesto si la publicación fuese a realizarse con el auspicio de la universidad y la inversión de fondos públicos.

La actitud de Williams hacia Puerto Rico merece un estudio aparte, puesto que influyó en sus posiciones económicas y políticas futuras. No hemos encontrado apoyo de Williams al nacionalismo de Pedro Albizu Campos, ni al independentismo electoral de Gilberto Concepción de Gracia, pero sí, en abril de 1952, a lo que llamó “la relación cordial con los Estados Unidos sobre la base de autonomía local”, lograda bajo el liderato del Gobernador Luis Muñoz Marín.Ya desafecto por la inacción de la Comisión del Caribe, le escribió una carta a Muñoz Marín en 1951 en la que proponía el establecimiento de un Instituto de Asuntos del Caribe en la Universidad de Puerto Rico “que proveyera el conocimiento y la información necesaria a los estadistas y planificadores de todo el Caribe con la intención de preparar una base para facilitar la cooperación caribeña”.8

Al ruedo político

No sorprende entonces que en 1955, al ser despedido de la Comisión del Caribe, en un histórico discurso en la plaza principal de Port of Spain, Woodford Square, con la asistencia de 10 000 personas, “Mr. Caribbean” -como ya se le llamaba- se lanzara al ruedo político. En poco tiempo, con el apoyo de la clase media y profesionales afro-trinitarios (médicos, maestros y abogados) y en mucho menor número, de indo-trinitarios de las mismas profesiones, se redactó la carta constitutiva del nuevo partido, el Movimiento Nacional del Pueblo (MNP). A tono con el pensamiento de Williams, el documento avaló la federación de los territorios británicos como un pre-requisito necesario para un desarrollo económico rápido. Pero también agregó que se “debe considerar desde el principio el fortalecimiento de los lazos económicos con las áreas no británicas del Caribe”. Puerto Rico y su modelo de industrialización por invitación estuvieron presentes en los comienzos de su vida política. En su discurso principal sobre la economía de Trinidad y Tobago, Williams abogó por seguir “el ejemplo de Puerto Rico” para producir para el limitado mercado doméstico y la exportación, notando que el país tenía la ventaja de tener petróleo.

Williams y el MNP ganaron, inesperadamente, las elecciones y comenzó la era de los partidos políticos en Trinidad y Tobago. En esa coyuntura difícilmente había alguien mejor preparado -por sus investigaciones históricas y contemporáneas del país y del área, y por sus experiencias personales y profesionales en los ámbitos regionales y metropolitano- para ocupar el puesto de Jefe de Ministros y luego de Premier de Trinidad y Tobago.

La Federación de las Indias Occidentales

En esta etapa de líder nacionalista anticolonial en los tiempos de la conferencia de Bandung, Williams se encontró inmerso inmediatamente en el proceso de integración política de la Federación de las Indias Occidentales, una iniciativa de Gran Bretaña. Desde un principio, en enero de 1956, cuestionó la reservación en manos del Gobernador General, un funcionario británico, la imposición de tarifas diferenciales y las obligaciones internacionales de la Federación. Pero sus mayores problemas surgieron de las realidades políticas de los territorios federados, principalmente el suyo propio y Jamaica. En Trinidad y Tobago, el MNP perdió las elecciones federales frente a una coalición liderada por Bhadese Mahraj. Su inesperada reacción de tildar a los indo-trinitarios de “minoría hostil y recalcitrante” lo persiguió por el resto de su vida política.

La Federación de las Indias Occidentales nació con problemas estructurales pero, al fin y al cabo, el golpe de gracia provino del electorado de Jamaica. El insularismo jamaiquino, explicado por su aislamiento geográfico y escasez de relaciones con el resto del Caribe británico, obligó a Norman Manley a favorecer la creación de un gobierno central débil, mientras que Williams, por el contrario, impulsó uno fuerte y centralizado.

La decisión del electorado jamaiquino en un referéndum fue de abandonar la Federación. Williams, con su habilidad de acuñar una frase certera en el momento oportuno, expresó “Diez menos uno es cero” y rechazó continuar la federación con las otras ocho islas del Caribe Oriental o un gobierno unitario con Granada. Posiblemente, Williams no favoreció ninguna alternativa por el temor de exacerbar las tensiones étnicas en Trinidad y Tobago representaron un papel determinante en su decisión. No obstante, el ojo avizor de Gordon K. Lewis acotó que “Trinidad está dando un paso atrás para más tarde dar dos pasos adelante... El Caribe, como un todo, carece claramente del tipo de liderato atrevido que esté presto a arriesgar todo en servicio de un gran principio”.

La comunidad económica del Caribe

Al comenzar la década de los 60, Williams, como único líder importante sobreviviente de la Federación de las Indias Occidentales, osó dar dos pasos adelante y luchar por el principio Pan Caribe. Primero, a sus instancias, el MNP aprobó en enero de 1962 una resolución de proceder a la independencia -lo que hizo el 31 de agosto de ese año- y Williams celebró con la publicación de la primera historia nacional.En segundo lugar, se declaró a favor “de asociarse con todos los pueblos del Caribe en una Comunidad Económica del Caribe y de tomar cualquier acción que fuera necesaria para lograr este objetivo”.9 Williams no perdió tiempo para tratar de convertirse en el “líder estructural” del Pan Caribeñismo.10 Utilizó su poder de convocatoria para establecer el procedimiento de las Conferencias de los Jefes de Gobierno del Caribe de la Mancomunidad y en la primera reunión en julio de 1963 presentó su proyecto de la Comunidad Económica del Caribe, el cual utilizaba como modelo el Mercado Común Europeo.

No empece la amplitud de su convocatoria pública para una comunidad económica caribeña más allá de los confines de su sub-región, Williams entendía que el veto geopolítico de los Estados Unidos impedía la inclusión de Cuba. Por esa razón, en agosto de ese año, Williams explicitó en Le Monde diplomatique sus diferencias con Cuba, al notar que “Trinidad y Tobago le da la cara al Caribe” mientras que “Cuba le vuelve su espalda y se mueve hacia una integración con el complejo comunista mayor”. Y ofreció su modelo de desarrollo “como el camino del medio entre la nacionalización franca de Castro y la organización capitalista pasada de moda apoyada por los Marines y los dólares de los Estados Unidos”. Esa vía centrista era “una sociedad activa entre el Gobierno y los inversionistas extranjeros principales” para la formulación y el logro de las metas de desarrollo económico y social promovidas por la administración gubernamental.

La apertura Pan Caribe de la Comunidad Económica del Caribe no progresó ante la negativa de Barbados y Jamaica a incluir los territorios del Caribe no británico, especialmente los no democráticos como Cuba, Haití y la República Dominicana. Entonces Williams decidió sumarse a la Asociación de Libre Comercio del Caribe (CARIFTA), una iniciativa de Antigua, Barbados y Guyana que estaba en el aire desde el 1964. En su fundación en 1968, CARIFTA contó con la presencia de esos tres países, más Trinidad y Tobago, Jamaica, Belice, Dominica, Granada, Montserrat, Santa Lucía, San Vicente y San Cristóbal y Nevis–Anguila, siendo William Demas (quien por varios años fue asesor económico de Williams) su Secretario-General. Sobre este particular Williams debió sentirse confiado, ya que Demas tenía en ese entonces una concepción Pan Caribe similar a la suya.

Eric Williams y Puerto Rico

Pero no cejó en sus acercamientos al resto del Caribe no angloparlante. Paralelamente al proceso de integración económica de CARIFTA, Trinidad y Tobago continuó sus discusiones con Puerto Rico, las Antillas Holandesas y Surinam, y las Antillas Francesas sobre dos puntos -la línea aérea British West India Airways y las dos naves donadas por Canadá que originalmente pertenecieron a la Federación- con el propósito de ofrecer servicios a escala regional. Temprano en 1964 se llegó a varios acuerdos informales con Puerto Rico y las Antillas Holandesas para implementar políticas comunes con respecto al turismo, comercio, transportación marítima y comunicaciones.

A mediados de julio de ese año en Londres, Williams declaró que los cuatro “pilares” de un Caribe nuevo eran Trinidad y Tobago, Puerto Rico, las Antillas Holandesas y Cuba.11 Al pasar un poco más de un mes, el Gobernador Muñoz Marín le notificó el retiro de Puerto Rico, alegando que el acuerdo era que no se incluirían nada más que países democráticos, así que la Cuba comunista, la República Dominicana entonces gobernada por el Consejo de Estado en ese momento y la Guayana Británica del comunista Cheddi Jagan no eran aceptables.12

Williams no hizo público ese desacuerdo. Sin embargo, ese mismo año señaló que las principales dificultades en estas discusiones eran políticas en dos sentidos: primero, la rivalidad entre dos metrópolis y sus esferas de influencia y, segundo, la falta de poderes constitucionales de Puerto Rico para tratar estos asuntos. La rivalidad metropolitana se refería a los Estados Unidos y Francia, mientras que en la segunda trazó una comparación entre el status de Puerto Rico y las Antillas Holandesas, señalando que con las últimas, a diferencia de Borinquen, no había duda que estaban libre del dominio colonial.13 En 1965 Williams se dio cuenta de su incapacidad de movilizar el proceso de integración. Entonces solicitó infructuosamente a Gran Bretaña que convocara una conferencia entre los Estados Unidos, Francia, Holanda con las Antillas Holandesas y Surinam, Canadá, Jamaica y Trinidad y Tobago para discutir la cuestión del regionalismo y la promoción de la Comunidad Económica del Caribe.

Cabe preguntarse, ¿por qué el desencanto de Williams con Puerto Rico? Primero, Williams, al igual que muchos, se equivocó al pensar que el Estado Libre Asociado aprobado en 1952 y sancionado por la Resolución 748 (XV) de la ONU en 1953 confirió autonomía a la isla. Luego, las dificultades de la industrialización puertorriqueña -y su propia aplicación fallida en Trinidad y Tobago- le hicieron perder fe en ese modelo de desarrollo. Por último, su imagen de Muñoz Marín como líder con una visión del Caribe no correspondió a la realidad, pues su interés se circunscribió a las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos y al desarrollo de la democracia liberal en la América Latina. A raíz de la victoria electoral del partido anexionista en 1968, en su libro From Columbus to Castro: The History of the Caribbean 1492-1969, Williams excluyó a Puerto Rico de su proyecto Pan Caribe porque “había logrado desarrollo económico pero perdido su identidad nacional. ¿Qué puede ganar un país si gana todo el mundo y pierde su alma?”.

Sin embargo, con las Antillas Francesas, cuyo status de Departamentos de Ultramar de Francia era muy similar a la estadidad federada con los Estados Unidos, Williams no fue tan categórico, aún cuando en 1969 al auscultar personalmente al Presidente Georges Pompidou sobre si Martinica y Guadalupe pudiesen formar parte de una federación del Caribe, recibió la siguiente respuesta: “Señor Primer Ministro no olvide que ellas son partes integrantes de Francia”. Una suerte parecida tuvo su misma pregunta sobre las Antillas Holandesas y Surinam, que hicieron transparente que esas “islas tenían una relación” con Holanda.

En su historia del Caribe, el historiador-político Williams no hizo referencia a estas entrevistas, pero sí reconoció que las poblaciones de Guadalupe y Martinica apoyaban mayoritariamente ese vínculo y que era una condición previa para mayores relaciones económicas con el resto del Caribe la terminación, o por lo menos un relajamiento, de los lazos con Francia. Williams sostuvo sin evidencia alguna que “es razonablemente seguro que el tiempo demostrará que los acuerdos actuales no son una solución final al problema de estos territorios”.

Aún con todos estos relámpagos y truenos, Williams reiteró su proyecto Pan Caribe, donde dejó fuera solamente a Puerto Rico: “Una vez el movimiento hacia la integración económica e independencia política de todas las unidades empiece a coger fuerza en el Caribe de la Mancomunidad, será necesario establecer relaciones económicas cercanas con los países fuera de la Mancomunidad - los territorios franceses y holandeses y los países independientes de la República Dominicana, Haití y Cuba, que debe ser reincorporada a la familia interamericana (Puerto Rico... parece estar encaminado lento pero seguro hacia la Estadidad como parte de la Unión Americana)”.

Ya no le imprimió al proyecto el carácter categórico del historiador y funcionario sub-regional de las décadas del 40 y 50 al afirmar que “en esta etapa no es posible esbozar qué tipo de relación se podría establecer entre el Caribe de la Mancomunidad y el resto de los países caribeños”.14 Aun así, sugirió propuestas de colaboración funcional en la producción, procesamiento y mercadeo de productos (el azúcar y la bauxita), el intercambio de tecnología y conocimiento científico, y la integración de industrias en sectores específicos, con materia prima regional o extra regional para suplir el mercado regional o extra regional. Aunque se ve una mayor sofisticación en las medidas para lograr su concepción del Caribe -por influencia de los economistas de la University of the West Indies- ninguna de ellas estaba bajo consideración en ese momento. Por otro lado, Williams sí reiteró su gran confianza en su modelo de desarrollo implantado en Trinidad y Tobago, una combinación de la inversión extranjera y un mayor control de la economía por el gobierno y los nacionales, que contrastó con la dependencia de Puerto Rico y el totalitarismo cubano.

La publicación de su historia del Caribe pasó casi inadvertida en Trinidad y Tobago debido a la sacudida enorme de la llamada “Revolución de Febrero” de 1970, es decir, las marchas y demostraciones del Poder Negro y el motín frustrado del pequeño ejército, que por poco echa al traste su gobierno. Para un sector de la sociedad, “El Doctor”, como se le conocía popularmente, dejó de ser el padre liberador de la Patria para convertirse en un pelele neocolonial.15 Aunque su liderato se debilitó, Williams ganó las elecciones de 1971 y retuvo el poder. En esa campaña, el MNP reitero su compromiso de “continuar con su programa de una cooperación cercana con los otros países del Caribe en asuntos económicos y comerciales”.

La comunidad del Caribe

Al comenzar la década de los 70, de todos los gobernantes del Caribe anglohablante, Williams era la memoria histórica y único actor protagónico de importancia del proceso de integración pasado. En 1972, la Conferencia de Jefes de Estado bajo su “presidencia magistral” acordó convertir CARIFTA en la Comunidad del Caribe (CARICOM).16 Así se le reconoció al celebrarse la firma del tratado en Chaguaramas, el lugar donde estuvo ubicada una base naval de los Estados Unidos en Trinidad y que Williams logró tras una fuerte lucha se cerrara eventualmente. Ese 4 de julio de 1973 Williams definió el Caribe como aquella “área que es todas las islas y áreas en tierra firme cuyo desarrollo económico nos permiten considerarlos como parte de la escena del Caribe”. Ese año la meta de Williams era una nueva Federación política del Caribe de la Mancomunidad, seguida “por una integración económica de todo el Caribe no empece sus orígenes nacionales o afiliaciones lingüísticas”. También destacó que Jamaica con el surgimiento del nuevo liderato del Primer Ministro Michael Manley demostraba un espíritu de cooperación práctica y dispuesta en contraste con los temores y dudas de los 60.

Sorpresivamente, en septiembre de 1973, Williams, en estado de frustración por una economía débil con las reservas de divisas bien bajas y un clima político cada vez más difícil, anunció su retiro de la política. La primera razón aducida fue la “cuestión de la Integración del Caribe” que “no será lograda en un futuro cercano y la realidad es de una falta de unidad constante y quizás aún la reafirmación del colonialismo”. Entre sus evidencias para esta situación mencionó dos nuevas. Primero, la identificación de Cuba como un país latinoamericano y no caribeño, “y eso ha sido así antes de Castro y quizás es más pronunciado con Castro”. Luego al referirse a Venezuela y otros países latinoamericanos, dijo que “siempre nos han considerado un puñado de coloniales (colonials) negros en colonias de la Corona británica”.17

Conflicto con Jamaica

En diciembre de ese año, Williams retiró su renuncia ya que la bonanza de los petrodólares de la crisis del petróleo le dio nuevos bríos. En 1974 impulsó dos proyectos regionales de producción utilizando la materia prima de la región. El que nos concierne, el establecimiento de dos fundiciones de aluminio, una en Trinidad y la otra en Guyana, por los gobiernos de estos dos países y Jamaica, tuvo su apoyo porque seguía los lineamientos de “intelectuales universitarios del Caribe sobre industrias integradas y vinculadas y con el mejor uso de los recursos locales”.

Todo se desvaneció con el retiro de Trinidad y Tobago por el acuerdo bilateral de la Jamaica de Michael Manley de proveer a Venezuela, una verdadera potencia petrolera, cantidades considerables de bauxita y alúmina para aumentar la capacidad fundidora de esta última.18 El 4 de mayo de 1975, Williams acusó a Venezuela de intentar la recolonización del Caribe y rechazó el término “Cuenca del Caribe”, una nueva concepción geopolítica que comenzaba a tomar vigencia impulsada también por los Estados Unidos. Pero el conflicto directo fue entre la “doctrina latinoamericana” de Manley y la concepción del Caribe de Williams que claramente excluía a los países latinoamericanos continentales, como vemos a continuación: “El Caribe normalmente se define, y así ha sido definido por nosotros en particular, como el área insular y territorios de tierra firme en los cuales la economía de plantación primero se desarrolló bajo el control de los poderes metropolitanos de Europa con la introducción de masas de trabajadores extranjeros, trabajadores baratos, trabajadores forzadas de África, de China, de otros lugares. Es una unidad distinta. Hubo esclavitud en Venezuela y México pero no del mismo grado. Es un área particular que no cabe en la Norteamérica tradicional o Latinoamérica”.19

Este rechazo de la iniciativa latinoamericana de Jamaica se fundamentó principalmente en la concepción del Caribe de Williams. También se puede agregar que influyó una dinámica política de acercamiento de Venezuela hacia el Caribe Oriental. Las nuevas fuerzas comerciales y políticas que impactaron la región hicieron patente la no-viabilidad de su proyecto federativo en esa coyuntura.

De ahí en adelante, Williams boicoteó el mecanismo principal de consulta y decisión de CARICOM -las Conferencias de Jefes de Estado- y en diciembre de 1977 aseveró que “hemos visto el casi colapso total del Tratado de la Comunidad del Caribe” en este año. Su comentario sobre CARICOM fue fulminante: “Primero y antes que nada nunca fue y no es caribeño. Es una Comunidad del Caribe que excluye la mayor parte del Caribe...” y “...está dividida profundamente entre sus miembros y el Tratado que la creó ha sido honrado más en violaciones que en cumplimiento”.

A pesar de la decepción de Williams con CARICOM, el Tratado de Chaguaramas de 1974 incluyó una cláusula de que la Conferencia de Jefes de Gobierno podría aceptar como miembro “cualquier otro Estado de la Región del Caribe”. Así ha sucedido con el ingreso de Surinam en 1995 y Haití en el 2002. A mi entender, no se ha estudiado aún pero me puedo aventurar que esa cláusula fue una iniciativa de Trinidad y Tobago.

 

Para concluir, la última declaración de Williams -“Lo que Dios ha separado, no se puede unir por ningún hombre. Esa es la ley de la sociedad del Caribe”- reflejó su decepción total luego de varios intentos formales e informales para promover la integración del Caribe. A pocas semanas falleció, casi totalmente aislado de su pueblo y los demás gobernantes del Caribe anglohablante y no anglohablante. Eric Williams, como historiador, teorizó que la base social de la plantación azucarera y la esclavitud negra eran suficientes para integrar la región en una federación Pan Caribe. Además, como funcionario regional, fomentó estudios concretos con enfoques regionales sobre problemas reales del Caribe. Aunque consciente de las diferencias de tamaño y recursos, procesos culturales distintos (incluyendo idiomas), diferencias demográficas y étnicas, y desarrollos políticos divergentes bajo distintas metrópolis, su voluntarismo como Primer Ministro de Trinidad y Tobago fue de tal nivel que trató de lograr una integración económica e inclusive política entre el Caribe anglohablante y no anglohablante. Aunque fracasó en esa meta, su tesón fue fundamental en la creación de una integración económica, funcional y, en cierta medida, política del Caribe anglohablante en CARICOM.

Por otro lado, sus iniciativas de incorporar a los territorios franceses y holandeses chocaron contra el muro de los intereses metropolitanos y de los mismos territorios. A Puerto Rico y Cuba los descartó por razones distintas: uno por su integración cada vez mayor a los Estados Unidos y el otro por su integración al bloque socialista y el mirar hacia la América Latina y no al Caribe. Aunque estaban incluidos en su esquema integracionista, no hemos encontrado iniciativas suyas con respecto a Haití y la República Dominicana. Presumiblemente, el vaivén de regímenes autoritarios y la inestabilidad política, unidos al desinterés regional expresado por los líderes políticos dominicanos y haitianos, lo hizo evitar cualquier acercamiento. En el caso de Juan Bosch, el único líder político de importancia en La Española con la sensibilidad para apoyar un proyecto de carácter regional, la fragmentación regional histórica, tan denunciada por Williams, fue la causa de la falta de conocimiento y de contactos entre ellos.

Como se desprende del panorama actual de la región, la concepción Pan Caribe de Williams no se ha logrado. Sin embargo, la inclusión de Surinam y Haití en CARICOM es un paso hacia ella. CARICOM padece serios problemas, pero la integración de los otros países caribeños es una de sus metas y la membresía no requiere formar parte del Mercado Común. Por otro lado, la creación de la Asociación de Estados del Caribe, una iniciativa de CARICOM que agrupa a todos los países independientes de la cuenca del Caribe, es en cierto sentido un reconocimiento de las diferencias entre el Caribe de Williams y los países latinoamericanos de Centro, Norte y Sur América. Nunca antes -ni después de Williams hasta ahora- ningún intelectual, funcionario regional o estadista caribeño ha definido la región e intentado llevar a cabo el proyecto de fundar una federación Pan Caribe acorde a ella. El resultado parcial hasta ahora debe ser motivo de deliberación para los estudios presentes y futuros del Caribe.


1 En esta colección está depositada parte de la documentación privada y pública y la biblioteca personal de Williams. Vea “Eric Williams Memorial Collection”, http://www.mainlib.uwi.tt/eric.html. De aquí en adelante EWMC.

2 Su conocimiento de Cuba y Puerto Rico siempre fue mayor que el de la República Dominicana pues, sin duda, el contrapunteo temprano de Pedro F. Bonó (1895) que “el cacao es oligarca y el tabaco es demócrata” le hubiera llamado la atención.

3 No hay traducción al español de Ainsi Parla l'Oncle…; essais d'ethnographie, Port-au-Prince, Imprimerie de Compiègne, 1928.

4 Se refiere a la cesión de bases en las colonias de Antigua, las Bahamas, Bermuda, la Guayana Británica, Jamaica, St. Lucia y Trinidad.

5 Una conferencia en la biblioteca pública de Port of Spain la concluyó de esta manera: “Hace doscientos años éramos plantaciones de azúcar. Hoy somos bases navales”.

6 Esta definición del Caribe fue hasta hace varios años la más aceptada y aún se utiliza.

7 Originalmente Williams pensó en usar el subtítulo para la historia del Caribe que tenía en redacción.

8 Esta propuesta se originó en 1948 cuando sostuvo una conversación con profesores de la Universidad de Puerto Rico y, a mi entender, es el origen intelectual de Instituto de Estudios del Caribe, fundado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico en 1958.

9 La Comunidad Económica del Caribe comprendería no sólo a los 10 miembros de la Federación, sino también a las tres Guayanas y todas las islas independientes y no independientes del Mar Caribe.

10 El “liderato estructural” remite al individuo que actúa en las esferas de poder estatales a favor de la realización de negociaciones formales con instituciones afines. A tal efecto, dirige las formas de utilizar el poder estructural (es decir, el poder basado en recursos materiales) para influir en las prácticas de iinteracciones relativas a los asuntos sujetos a discusión.

11 “The ‘Four Pillars' of a Future Caribbean”, London Daily Mirror, 20 July 1964, p. 10.

12 El 4 de diciembre 1964, Muñoz Marín no aceptó una invitación de Williams a reunirse el 15 de ese mes en una reunión de “cooperación regional”, explicando su declinación por su retiro de la gobernación.

13 Williams estaba en lo correcto. El arreglo constitucional de Puerto Rico con los Estados Unidos no era de autonomía plena y no le facultó de hacerse cargo de sus relaciones internacionales. Lo contrario sucedía con las Antillas Holandesas con respecto a los asuntos internos.

14 Parece ser que el mismo Williams pensó que se quedo corto porque en algún momento de 1970 le envió a Deutsch un bosquejo de un libro a titularse La búsqueda de la identidad del Caribe (The Search for Caribbean Identity). No hemos encontrado este bosquejo y parece que el asunto murió al no contestar Williams la oferta de Deutsch de firmar contrato.

15 Una publicación de la organización más importante del Poder Negro, National Joint Action Committee, decía: “El control económico de la gente blanca les permite el control político. Nuestros políticos se convierten en meras marionetas. Cada cinco años la gente negra obtiene un poco poder de regateo en el tiempo de las elecciones. Estamos hartos de programas de emergencia y promesas. Entonces el resto del tiempo se pierde con los políticos lamiendo las botas de la Estructura de Poder Blanca” (Slavery to Slavery: NJAC on the Economic System, multicopia, 1970, p. 7).

16 El acrónimo “CARICOM” se refiere a la Comunidad del Caribe y al Mercado Común del Caribe.

17 La referencia a Venezuela no era de extrañar ya que las relaciones entre ambas naciones fueron cordialmente frías por la desconfianza de Williams, fundamentada en sus estudios históricos.

18 En su libro Manley no hace mención del acuerdo con Guyana y Trinidad y Tobago y sólo menciona el de Venezuela (Vea Michael Manley, Jamaica: The Struggle in the Periphery, 1982).

19 Manley buscó un mayor acercamiento y cooperación con los países latinoamericanos para crear un nuevo orden económico internacional que favoreciera los países en desarrollo.



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Autor(a) : Humberto Garcìa Muñiz

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