ISLAS Y TIERRAS
 
Relieves

 

De los movimientos, lentos y brutales a la vez, que conformaron la cuenca del Caribe se deriva una de sus principales características: la fragmentación del medio físico y de los fondos submarinos. En esto se opone a los amplios y planos horizontes del continente norteamericano y de la Patagonia. Ello se debe al movimiento complejo de las grandes placas, la norteamericana y la sudamericana, y de las las placas intermedias del Caribe, de Nazca y de los Cocos.

El golfo de México presenta una estructura sencilla en forma de cuenca. Primero un ancho arco periférico de escasa o incluso de muy escasa profundidad, cubierto de trecho en trecho por una masa de aluviones. Una masa que puede llegar a ser enorme en el caso de aluviones depositados por los ríos como el Misisipí. Más allá del arco periférico, los fondos submarinos se hunden progresivamente hasta la zona  central, pero la profundidad es escasa (un 80% de los fondos no llega a los 2000 metros). El relieve submarino del mar Caribe resulta mucho más caótico, entrecortado por fallas que ponen de manifiesto la energía de la tectónica. Estas fallas delimitan una serie de compartimentos fuertemente contrastados: fosas estrechas y profundas que alcanzan los 6000 metros (fosa de los Caimanes), surcos de escasa profundidad (surco de los Aves), cuencas intermedias (Cuenca de Venezuela). Se pueden observar las mismas disparidades en las zonas litorales: mientras los eslabones de las cordilleras andinas se hunden a veces brutalmente en el mar, una inmensa meseta continental, con muy poca pendiente, bordea las áreas sedimentarias y los antiguos relieves del zócalo (Guayanas).

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La región se estructura alrededor de tres conjuntos. En los márgenes, el escudo de areniscas de las Guayanas que es parte del viejo zócalo precámbrico sudamericano, y que se caracteriza por su escasa altitud y su monotonía, y ello, a pesar de la resistencia de las rocas. Los bordes del zócalo acaban en vertiginosos acantilados. Más allá del macizo guayanés, se formaron algunos islotes e islas bajas, con los aluviones resultantes de la erosión, y también con roca coralina. Estas islas jalonan el borde continental (Trinidad y Tobago, Barbados, islas pequeñas y de baja altura como Margarita o Testigos).

Más al oeste, el segundo bloque, estructurado por las potentes cordilleras andinas, abarca parte de Venezuela, Colombia, los países del istmo y la prolongación insular de las Antillas. El conjunto andino se compone de una sucesión de cordilleras con una orientación divergente.

El tercer grupo es el las Pequeñas Antillas, ubicadas en la zona de subducción de la placa atlántica. Se compone de un conjunto de islas geológicamente recientes y en gran parte volcánicas, cuya creación se inició hace unos 25 millones de años y cuya dinámica de surrección sigue todavía activa en la actualidad. Lo empinado de las pendientes y la importancia de los desniveles sorprenden, aunque la altitud suele ser mediocre (raras veces supera los 1500 metros).

Obviando la morfogénesis, se suelen clasifican los elementos constitutivos del archipiélago en dos grandes categorías: las islas altas y las islas bajas. Por lo que concierne a las islas bajas, la diferenciación no plantea ninguna dificultad: algunas son bancos de arena que apenas asoman sobre el nivel del mar como las Bahamas o Barbados. Otras son islas bajas y llanas, de forma circular, que tienen su origen en rocas coralinas, como María-Galante o Barbados, o masas oscuras de afiladas cumbres, como Martinica, Dominica o Santa Lucía. Por lo que atañe a las islas grandes, la clasificación resulta más subjetiva: lo que permite clasificarlas en una u otra categoría no es la altura sino el porcentaje de las montañas con respecto a la superficie total. Así, Puerto Rico, cuyas cumbres nunca superan los 1400 metros, entra en la categoría de isla alta, mientras Cuba, pese a tener montañas que alcanzan los 2700 y aun los 3000 metros, integra la categoría de las islas bajas debido a sus amplias cuencas y a sus anchas llanuras. Las mismas representaciones valen para las Pequeñas Antillas, entre Dominica, Nevis y Montserrat, bloques volcánicos que parecen emerger de las aguas y que se oponen a Guadalupe y a los planos horizontes de la Grande-Terre.

Autores : Monique Bégot, Pascal Buleon

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