UNA CUENCA DEL MUNDO
 
El Caribe: problemática de una región

 

Estudiar una porción del espacio caribeño, valorizado y organizado por las poblaciones, permite descubrir sus principios fundadores y así delimitar un área de reflexión e investigación. 

Esto conduce a determinar cuáles son los elementos constitutivos de aquellos territorios, qué relaciones establecen entre ellos y cuáles son las jerarquías que prevalecen. Este enfoque realizado desde el interior de la región conlleva una necesaria problemática sobre los perímetros, los límites o sobre las zonas que, con más o menos intensidad y según los sectores de actividad, atañen a este tema. Sin embargo, no es posible omitir el enfoque externo que muestra el rango y la posición que ocupa la región en uno o varios sistemas del mundo: ¿dónde se sitúa, en relación con qué otros espacios? ¿Cómo y porqué este posicionamiento de hoy? Los enfoques interiores y exteriores deberán permitir comprender mejor el espacio caribeño. 

Espacio caribeño: esta sencilla denominación muestra la complejidad de los problemas que aparecen cuando se trata de llamar a un objeto geográfico. 

¿Qué es el Caribe? Un mar: es la primera respuesta que viene a la mente. ¿Se puede pensar que se ha construido una región a partir de un eje que sería un espacio marítimo?

¿Cómo una masa líquida polariza, cómo atrae, cómo genera flujos y establece redes? ¿Existió o existe en el mundo un conjunto similar? 

¿Existe un mediterráneo Caribe? 

¿Permite establecer un paralelo conceptual la imagen de un mar que en el pasado favoreció la concentración de actividades que implicaban importantes fuerzas centrípetas (ver las luchas para el control de este mar interior remiten a toda la historia europea, de manera paroxística hasta el siglo XVI, pero también hasta en el siglo XX).

El mediterráneo fue sin duda un centro de atracción, un espacio de difusión de modos de vida, de pensamientos. Hubo una civilización de las sociedades mediterráneas que no pudieron nacer y desarrollarse sino porque los intercambios estaban bastante diversificados e intensos en el centro, es decir en el mar y en el litoral, y porque los continentes europeos, asiáticos y africano proveían importantes recursos. 

Las cortas distancias en el centro y los círculos de poca amplitud generaron flujos diferenciados y complementarios. 

¿Es válida la comparación Mediterráneo/Mar Caribe? 

En segundo lugar, lo que se destaca en la región son las diferencias de superficie entre los diferentes elementos, espacios continentales e islas, entre las cuales algunas son minúsculas, y la variación de las poblaciones que viven en el Caribe que va de varios millones a unos centenares. Sobre todo se observa una ancha apertura del mar Caribe hacia el océano atlántico, y por lo tanto la ausencia de un hinterland que incrementaría las posibilidades de intercambios en la parte oriental del espacio considerado. El archipiélago no constituye una interfaz eficiente capaz de promover flujos. Quizás sería juicioso matizar y añadir que hoy ha dejado de ser una interfaz, como lo veremos a continuación. 

Entonces, ¿debemos buscar más bien los modelos de funcionamiento en el sureste o en el este de Asia, alrededor del archipiélago de Filipinas, de Indonesia, o de Japón?

Aquellas regiones atestiguan la posibilidad de que aparezca un centro localizable e indiscutible (a pesar de que en ellas, importantes fuerzas centrífugas generan movimientos separatistas)

Sin embargo, en muchos archipiélagos las consecuencias de la discontinuidad territorial constituyen el fundamento de una fragmentación humana, económica y política como es el caso en los espacios mucho más extensos de los archipiélagos melanesios y polinesios. Más que en yuxtaposición o en agregación, estos tres aspectos actúan en interacción y acrecientan fragmentaciones que no siempre se justifican por la distancia, pero que son atizados por los particularismos locales: tanto el ejemplo de la Désirade y de San Martín en la Antillas francesas como él de la isla de Mindanao en las Filipinas son manifestaciones de estas tendencias.

¿Cuáles serían las fuerzas capaces de organizar aquellos espacios caribeños y darles una identidad común, reconocible y reconocida? 

Una imponente presencia de la matriz histórica 

La matriz histórica parece ser el fundamento de una identidad común a todo el archipiélago, y hasta a algunas porciones del espacio continental situadas en las costas del Caribe.

El elemento organizador fue el sistema de plantación que estuvo en apogeo durante el siglo XVIII cuando se recurría a una mano de obra esclava de origen africana. La trata negrera dejó en las poblaciones del Caribe profundas y dolorosas huellas, que quedan muy presentes en la conciencia colectiva – aunque sólo fuera por la intensidad más o menos importante del mestizaje, que todavía hoy permite que se hable de "slas negras e islas blancas".

Más allá de las diferencias entre colonizadores, y por lo tanto de idiomas, de organizaciones políticas, los Antillanos, y en cierta medida las poblaciones negras del sur de los Estados Unidos o los grupos minoritarios de Guatemala o Costa Rica como los Garifuñas se consideran como descendientes de esclavos, portadores de la misma historia.

La plantación fue una original combinación socio espacial:

  • El dueño blanco/los esclavos negros, con la emergencia de un grupo mestizo, los mulatos, que tenían una función de interfaz.

  • La plantación era un territorio económico más o menos autónomo. De hecho, gracias a los cultivos exóticos de exportación como la caña de azúcar, el café o el algodón - producciones todavía altamente simbólicas en las mentes al fin del siglo XX - las islas tomaron parte en el funcionamiento de un sistema-mundo, pero cada una se desarrolló de manera específica, sin vínculos entre ellas.

De esta manera, cada una tenía relaciones con el mundo, cuyo centro era Europa, sin que existieran muchos intercambios ni cooperación económica entre las plantaciones y a fortiori entre las islas. Esta situación no impedía que hubiesen movimientos de poblaciones, de forma voluntaria de parte de los blancos o de los hombres de color libres, de manera obligatoria para los esclavos.

Aquellas orientaciones y aquellas opciones económicas del pasado explican gran parte las actuales dificultades para poner en sinergía actividades similares al interior de una entidad insular o de espacio a otro. 

(NB: las actuales dificultades del transporte en Martinica atañen, según nos parece, a este tipo de mentalidad: cada punto de la isla está conectado con el centro, los trayectos funcionan en paralelo o de manera discontinua, sin que la sociedad pueda organizar la totalidad de los trayectos en una o varias redes coherentes. No seria conveniente pensar que esto resulta sólo del trabajo de los grupos de presión.)

Fue claramente en la fragmentación que funcionaron las plantaciones tanto a nivel de las relaciones humanas y sociales como a nivel económico.

Hoy, la multiplicidad de los estatutos políticos es el resultado de una historia colonial agitada y caótica. Un primer examen conduce a hacer una distinción entre el archipiélago y los estados costeros del Caribe, descubiertos y ocupados más tarde por los europeos. La inmensidad y la diversidad de los recursos exigieron el recurso a poblaciones que no siempre tuvieron vínculos con las metrópolis (ej: las minorías alemanas en Venezuela). Además, la presencia, en algunas porciones de aquellos espacios, de numerosas poblaciones indígenas precolombinas y de civilizaciones bien establecidas, dio lugar a rasgos colectivos originales. Fue en aquel contexto económico y humano que muy pronto tomaron forma las consciencias nacionales que generaron dinámicos movimientos independentistas. Excepto los Estados Unidos, de cuyas condiciones de accesión a la soberanía no vamos a hablar, el balance que se establece a principios del siglo XIX, en el primer cuarto del siglo muchas veces, revela la creación de una decena de Estados naciones. 

Al contrario, durante más de 150 años, las islas permanecieron como objetos de luchas entre las grandes potencias colonizadoras que se asentaron sólidamente en ellas. La famosa sentencia de Luis XV que prefería abandonar “unas parcelas de tierras heladas y nevadas” para conservar algunos metros cuadrados de tierras tropicales, no aparece sólo como una anécdota. Medio siglo más tarde, Napoleón cedió la inmensa cuenca del Misisipí y Luisiana a fin de consolidar las posesiones francesas en las islas del azúcar. La permutación parecía ventajosa. Se tendrá que esperar la segunda mitad del siglo XX, salvo unas excepciones (Haití, Cuba, Puerto Rico), para que casi todas las entidades insulares, pero no todas, accedan a la independencia. 

¿No sería oportuno ver en estas evoluciones dos actitudes políticas diferentes, y en particular poner de relieve la relación con el ejercicio de la democracia que distingue los estados insulares y los del continente que hasta en una época reciente han conocido regímenes autoritarios en los que los “ golpes de estado” eran más frecuentes que las elecciones? Es obvio que estas hipótesis a priori maniquéas deberán ser matizadas y analizadas con más sutileza.  

La posición en el mundo: ¿encrucijada o ángulo muerto? 

La posición del archipiélago Antillano se determina por su relación a otros conjuntos en el mundo.

Las islas han tenido una función nada despreciable de periferia integrada al centro en un pasado más o menos reciente. Así, los flujos que se habían establecido con Europa originaban importantes fortunas tanto en los puertos del Atlántico y del Mar del Norte como en el archipiélago. Aquella posición se explicaba, sin duda, gracias a los términos del intercambio que eran favorables a la región a través del suministro de productos tropicales todavía escasos y muy solicitados en los mercados internacionales, y por eso caros. Pero también las Antillas resultaron favorecidas por las condiciones físicas y tecnológicas: la marina de vela utilizaba los alisios porque la mejor velocidad, la más rápida para las naves pesadas, era navegar con” viento en popa”, es decir con el viento en popa del través, la vuelta efectuándose gracias a los “westerlies” y a la corriente oceánica del Gulf Stream. Así, era casi más fácil alcanzar las Antillas que el continente norte americano, y esto durante gran parte del año. De hecho, desde Europa, las Antillas estaban más cercanas, a pesar de que las distancias fueran más largas. 

Bien se divisa la combinación que favoreció las islas y puso aquellas regiones bajo la influencia del centro europeo: la situación geográfica (ubicación en el globo), las condiciones bioclimáticas que permitieron el desarrollo de cultivos de alto valor añadido, los efectos de la rotación terrestre y de la gravitación y un alto nivel de desarrollo técnico.

Aquella situación no podía perdurar. Los progresos, en particular la evolución de los medios de transporte, la mecanización de la agricultura, hicieron volar en pedazos las ventajas insulares.

Hoy, el contexto geo-económico y político ha alterado las relaciones entre los diferentes conjuntos del globo. ¿Dónde se sitúa entonces el archipiélago? Las producciones, en mayoría de origen agrícola, tienen poco valor añadido (las islas disponen de pocas materias primas minerales, a excepción de la bauxita de Jamaica, de unas pocas minas de níquel en Santo Domingo y Cuba, y del petróleo de Trinidad) y las cantidades que proponen en los mercados internacionales pesan poco. Esto, primero porque los productos agrícolas compiten con plantas europeas de alta productividad como la remolacha para la producción del azúcar, o con los de países que disponen de grandes superficies y de una mano de obra de bajo coste salarial (ver el ejemplo de la piña y del plátano producidos por los Estados de África o de América central). En consecuencia, los flujos, en particular los flujos de productos tropicales, se establecen fuera del Caribe aunque existan todavía vínculos privilegiados con Europa que mantienen movimientos de intercambios secundarios, los cuales procuran importantes ingresos a las pequeñas entidades insulares.  

¿Qué pueden vender las Antillas para adquirir una posición mundial? 

Sin duda alguna, el turismo es la actividad que es, y será cada día más, una fuente de beneficios en un futuro próximo. La mayoría de las islas han tomado conciencia del potencial que reside en sus litorales y en las selvas húmedas de sus vertientes montañosas y se esfuerzan en ponerlos de relieve- ver el papel del mar y de las playas en la visión turística. Aquí yace una oportunidad que se debe aprovechar, puesto que, además, las Antillas están cerca de los grandes centros emisores que son los Estados Unidos y Canadá, y de forma paradójica, de Europa.

Así, la topografía montañosa y la fragmentación del archipiélago se convierten en tantas ventajas para el desarrollo del turismo hotelero como de crucero, y del crucero a larga distancia como de la navegación intrarregional o local. Conviene añadir que las bajas costas arenosas de las pequeñas islas o de los Estados costeros del continente, todavía no tienen todas los equipamientos adecuados y que, en el porvenir, podrían desempeñar una función muy importante. 

Esta actividad turística, que se desarrolla en un contexto de zonas francas y paraísos fiscales fuertemente asentados, generan operaciones financieras de gran magnitud. En lo sucesivo, será conveniente aprehender mejor los flujos financieros, sin duda ilícitos muchas veces, pero no siempre. Estados o entidades como Puerto Rico, o las islas Turcas y Caimán sin hablar de las Bahamas, ya tienen un función eminente de plaza financiera.

¿Da más peso a la posición de estos Estados el recuerdo de las incertidumbres que aparecieron desde que Hong Kong cambió de estatuto en julio de 1997? ¿Cuál puede ser la actitud de los financieros internacionales? ¿Tienen las plazas caribeñas la posibilidad de acoger capitales en busca de nichos seguros y eficientes? Si aquellas hipótesis - desarrollo de las actividades turísticas y financieras de alto valor añadido- fueran confirmadas por estudios,entonces se confirmaría una nueva repartición en la división internacional del trabajo.

Así pues, nuevos flujos, de poca importancia hasta hoy, convergen hacia la zona que se posiciona como una plataforma que no más se encuentra apartada de las grandes corrientes de intercambios como todavía es muchas veces el caso en la actualidad.

(NB: mucho se habla de San Vicente como nuevo paraíso fiscal.)

Un entorno geográfico marcado por la complejidad 

Puente entre los continentes norte y sur de América, el archipiélago se encuentra en el área de gravitación de sus potentes vecinos, entre ellos naturalmente los Estados Unidos. En efecto, ¿a partir de qué relaciones y fundamentos se posicionan estos vecinos entre los Estados continentales y las micro entidades antillanas?

Muchos autores no aclaran de manera precisa el enfoque de investigación y los objetivos que persiguen. Sin ir más lejos, incluyen a México incluso la fachada del Pacífico, o al Salvador que no tiene apertura en el mar Caribe o a la parte andina de Colombia. De hecho, esta mirada pone frente a frente territorios que superan el millón de kilómetros cuadrados y entidades de unas decenas de km2 (ej: Anguila 91 km2). En cuanto a los Estados Unidos, se les incluye a partir de los Estados de la Unión que tienen acceso al golfo de México, o sea superficies de alrededor de 270 000 km2. Sin embargo, cabe notar que si aparecen Florida o Luisiana en los estudios, Misisipí con su estrecha fachada marítima o Texas aparecen con menos frecuencia.

¿Tenemos en este hecho uno de los elementos que nos permite introducir la idea de frontera, de límites? El tema que se plantea entonces es el siguiente: ¿en qué medida las actividades de Texas se encaminan hacia la zona del Caribe? ¿Cuál es la importancia de los flujos dirigidos hacia el continente o hacia otros conjuntos del mundo? Aquí se toca parcialmente a lo que es la definición de una región que no se reduce sólo a la ubicación o a la identificación. La región se hace realidad más bien a través de otros criterios como la intensidad de los intercambios, los vínculos establecidos entre puntos diferentes de la zona. Se destacan entonces las coherencias, los áreas, las cuencas que todos tienen límites fluctuantes según el enfoque que se adopta. La frontera viene a ser aquella porción de un espacio donde se atenúa un fenómeno. 

Considerando el caso de Texas, se comprende mejor esta visión: sus principales orientaciones económicas como la ganadería le dirigieron hacia el interior del país. Se podría imaginar que el petróleo generara flujos y actividades propios de la zona. Si ésta presenta el menor interés, es porque es un lugar de paso, de tránsito, estratégico por cierto, pero nacen las plusvalías en otra parte. 

Así se comprende mejor la actitud de los Estados Unidos con respecto a la región. Prestan atención a todo los acontecimientos que ocurren y consideran la zona como una margen implicada en su seguridad. Pero, desde hace muchos años, este espacio, al contrario de otras partes del mundo, no conoce graves tensiones, aún si algunas escasas surgen de vez en cuando de manera repetida ( ejemplos de Cuba y Granada). Además, los regímenes políticos vigentes en este espacio son más bien democráticos. 

¿Cómo se gestiona en las micro entidades recien descolonizados esta situación de traspatio de los Estados Unidos? 

Las antiguas metrópolis han guardado estrechos vínculos con las Antillas. Se ha establecido una forma de statu quo entre los Estados Europeos y los Estados Unidos del cual resulta que se tolera al régimen castrista, a pesar de los avatares de la política americana desde más de treinta años, ya que es evidente que una intervención militar hubiera podido resolver el problema hace años. ¿Significa que los pequeños Estados del archipiélago estarían en una relación de absoluta dominación? ¿Qué peso pueden tener las pocas decenas de miles de habitantes de Dominica o de San Cristóbal y Nieves?

En el juego complejo que es la geopolítica mundial, los espacios micro insulares no necesariamente resultan desfavorecidos. Sus medios de presión, tanto sobre las potencias europeas como sobre los Estados Unidos utilizando unas contra otros y viceversa, pueden, en cierta medida, asegurar y orientar su desarrollo (ver la definición por la Unión Europea de lo que son las regiones ultra periféricas). 

Por otra parte, si se considera la mayoría de las islas, la representación en la ONU (un Estado= un voto) refuerza su presencia porque les permite negociar su apoyo a tal o cual gran potencia como hizo por ejemplo Dominica cuando aprobó la intervención americana en Granada.

Es el análisis de la totalidad de aquellas condiciones que permitirá aclarar, confirmar, o invalidar la realidad de una región caribeña. Como lo vimos, no es un criterio sino un conjunto de datos que demostrará la realidad. Por cierto las poblaciones se reconocen como antillanas a través del idioma, del criollo, de la cocina, de la música, de una manera de ser y de ver al mundo. La identidad y la conciencia de esta identidad es fuerte. ¿Es suficiente para reflejar lo que es la región del Caribe?

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Autor(a) : Monique Bégot
Traducción :  : Alfred Regy

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