EL TRANSCURRIR DE LOS DÍAS
 
Reconstruir Haití
Algunas pistas de reflexión


Haití, o más exactamente la región de Puerto Príncipe, destruida, arrasada, sin duda más de 250 000 muertos, nunca se conocerá el número de manera precisa. Esto representa casi el 3% de la población residente en el país. Una ciudad, la capital y por lo tanto las infraestructuras, económicas, administrativas del país, está en el suelo. El sur de la isla, alrededor del epicentro, también ha sido gravemente afectado. Jacmel, la ciudad declarada patrimonio de la UNESCO, está destruida en un 80% y las ciudades y pueblos de la larga franja de tierra que avanza al oeste en dirección a Jamaica están en el mismo estado. Hundimientos costeros provocaron la invasión del mar y algunos pueblos están bajo las aguas de manera duradera. Las enfermedades y las heridas aumentarán así como la tasa de mortalidad.

Figura 1: Secuelas del terremoto del 12 de enero de 2010.

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Fuente: Worldpress.

 

2009 fue un año sin ciclones, pero en noviembre de 2010 el ciclón Tomás devasta otra vez la isla y provoca la muerte de unas veinte personas a las cuales hay que añadir el fallecimiento de cerca de 3 000 personas, niños sobre todo, por causa de una epidemia de cólera. El seísmo del 12 de enero recuerda a todos que el Caribe es una de aquellas zonas del globo donde ocurren grandes calamidades: en el momento en que mencionamos estas reflexiones, una tormenta tropical atraviesa Guatemala e inunda las tierras bajas, un volcán entra en actividad, ciudades y campos están cubiertos de ceniza. En octubre, importantes corrimientos de tierras destruyen pueblos en México y Colombia.

Precisamente cuando se podía pensar que se mejoraba la situación de Haití (pero, ¿era cierto en realidad?), el terremoto lo derriba todo al suelo. ¿Cómo construir? ¿Qué reconstruir? ¿ En qué sitio reconstruir?

Cuando se está lejos, muy lejos de Haití, es presuntuoso querer dar lecciones, o consejos. Sin embargo, el estudio de lo que es la región, una observación cuidadosa durante más de 35 años, nos incitan a formular unas ideas. Según nos parece, la prioridad de las prioridades se apoya en tres pilares.

1. Replantear y controlar el problema de la accesibilidad

Desde el seísmo, muchos observadores y, a lo que parece, muchos políticos haitianos, proyectan favorecer una reorientación de la repartición de la población en el territorio. Varios expertos sugirieron un desarrollo las ciudades medianas y un reajuste de las concentraciones urbanas. En efecto, Puerto Príncipe, al igual que muchas capitales del Caribe, ha captado más de la tercera parte de la población haitiana (2,7 millones de habitantes, pero si se considera la población de los barrios de chabolas, este número es sin duda subestimado). Este reto de una mejor repartición de la población no puede tener éxito si no va acompañado por una reconquista de los campos o sea sin que haya seguridad.

  • Seguridad del abastecimiento de las ciudades por los campos, para que los mercados locales recobren su importancia. En un momento en que se habla de ahorrar la energía, sería oportuno apoyarse en la proximidad y así reactivar y potenciar los mercados de las aldeas y ciudades medianas. En 1998, Kenscoff era todavía una hermosa zona hortelana donde la altitud permitía tantos los cultivos tropicales como la producción de verduras y frutas de zona templada (alcachofas, albaricoques, y también lechugas y zanahorias). Kenscoff no es la sola región donde es posible practicar una agricultura hortícola. Se ha olvidado hoy, frente a los desastres de estos últimos decenios, hasta qué punto la región de Artibonite fue una zona rica productora de arroz, caña y café. El desarrollo de la red de carreteras es, para el campesino, la certeza de vender su producción, a condición de que tarifas aduaneras prohibitivas impidan la invasión, a bajo precio, del maíz americano o del trigo de Europa.
  • Seguridad sanitaria y educativa. Sólo los desplazamientos fáciles permitirán acercarse a los dispensarios, muchas veces gestionados por médicos o asociaciones benéficas. Los médicos, muy poco numerosos, ejercitan sobre todo en las ciudades. Las escuelas también están instaladas en las ciudades. No se puede esperar una disminución del analfabetismo si alcanzar la escuela es cada mañana una epopeya para los niños del campo.
  • Seguridad si las fuerzas del orden no se enfrentan a ningún obstáculo para cumplir con su misión.
  • Por fin, seguridad para las mercancías y objetos diversos, producidos por los artesanos del mundo rural cuya extraordinaria habilidad bien es conocida.

Sin duda se tendrá que prever el tejido de una red que asocia las grandes vías asfaltadas a las pistas transitables que vinculan las aldeas. En 1980, se iba de Puerto Príncipe a Cap Haitien en 4 o 5 horas. En 1998, después del último ciclón, algunos decían que no se podía alcanzar la gran ciudad del norte sino en dos días; lo que sin duda era exagerado, sin embargo era preciso considerar una duración de 14 a 15 horas. La inseguridad debida a la presencia de bandas, el estado de los caminos prohibía circular de noche, de lo que resultaba la duración de dos días avanzada para el trayecto. Igualmente, alcanzar la punta sur, en la extremidad occidental es una verdadera expedición. Las primeras noticias proviniendo de las ciudades del suroeste no llegaron sino al cabo de cinco días después del seísmo, y las imágenes fueron emitidas siete días más tarde. Establecer una red eficiente de vías de comunicación es ejercer un verdadero control del territorio. La población que abandonó Puerto Príncipe durante los días que siguieron el seísmo, permanecerá en los campos sólo si éstos conocen un verdadero desarrollo y si garantizan la seguridad alimentaria, sanitaria, humana para los que se instalaron en ellos.

2. Una gestión sostenible del medio ambiente

Este segundo pilar de la reconstruccción aparece como un verdadero plan de salvación del territorio. Nada es tan impresionante como un vuelo sobre la Española. A la altitud de 8 000 metros se divisa la frontera: al este, cerros más o menos cubiertos de selvas, al oeste, un desierto: el suelo al descubierto y profundos abarrancamientos en las laderas de las montañas. 

Figura 2: Muestras de la deforestación en Haití   

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A la izquierda, Haití y las consecuencias de la deforestación,
en el centro, la frontera, a la derecha, la República Dominica.
Fuente: Worldpress, NASA.  


Antes de que no queden sino placas rocosas en las que nada puede crecer, sería conveniente replantar los bosques. Un tal esfuerzo fue fomentado en otras regiones del mundo a la vez bajo el impulso de instituciones nacionales, y sobre todo de ONG asociados a actores locales: En Madagascar e India se ven instructivos éxitos, aunque incipientes. En Haití, llevan experiencias de reforestación en varios sectores. En ellas, toman parte muchas ONG e instituciones internacionales, sin embargo falta una coordinación de todas las acciones y sobre todo la implicación de los mismos haitianos. En la zona del Caribe existe una gran experiencia de la gestión de la selva, sea en Costa Rica, en Cuba o sea en las pequeñas Antillas como en Dominica, Martinica o Guadalupe. También se sabe que numerosas sociedades sobrevivieron o vivieron gracias al cocotero, al mango y al árbol de pan, tantos árboles que no exigen mucho cuidado, salvo durante los primeros años cuando hay que proteger los brotes nuevos de los depredadores. Ahora bien, los campesinos haitianos conocen, dominan y saben el valor de estas especies. Estos árboles crecen en las cercanías de numerosas casas y contribuyen a la alimentación de los habitantes, junto con el banano. Sin duda, es a partir de aquellos conocimientos que puede ser eficiente una reconquista sistemática. Ayudar a los campesinos es uno de los medios posibles. También se debería proyectar la reforestación a partir de especies forestales de crecimiento rápido (pino de Nicaragua) y de especímenes que crecen más lentamente. En la región, existen los especialistas y abundan los semilleros. 

Para que sea un éxito, un proyecto de reforestación tendrá que movilizar necesariamente a los haitianos. Varios alcaldes de municipios haitianos, en la reunión que se celebró en Fort de France durante la segunda quincena del mes de abril de 2010, se quejaron de que muchos proyectos se fomentaban sin ellos. Los concejales son capaces de movilizar las poblaciones, organizar las reforestaciones, ayudados por especialistas de la selva tropical, y por las ONG o las fundaciones. Ellos son quienes pueden contratar a los jóvenes alumnos y adolescentes en las importantes campañas de reforestación. La reforestación no tendrá efecto a no ser que otorguen a la clase pobre la posibilidad de de utilizar otras fuentes de energías para cocinar. La plaga de Haití fue el comercio de madera (por ejemplo, exportación de la madera de campeche con destino a los Estados Unidos) así como la fabricación del carbón de leña que, todavía hoy, es la única fuente de energía para millones de haitianos que viven con menos de un dólar cada día, y una fuente de ingresos para los campesinos.

A la reforestación se debe asociar el acceso al butano o al propano, con un precio soportable (A comparar con el precio del carbón de leña. Si los importes que se recobraron con motivo del seísmo pueden servir a la creación de un mercado del gas, entonces se podrá considerar la reforestación como un proyecto viable). La organización comercial de semejante red es compleja y por eso el restablecimiento de las vías de comunicación debe acompañar la reforestación. Conviene añadir que el almacenaje del gas, el envase y la distribución crearán profesiones y empleos en una isla que los necesita.    

3. El reto del agua potable 

Estas notas fueron, en un primer tiempo, escritas en febrero de 2010 y revisadas en noviembre de 2010. Reapareció el problema del agua potable en septiembre de 2010 durante la estación lluviosa, a través del desarrollo de una epidemia de cólera, lo que se temía desde el momento del seísmo, aunque Haití, durante los diferentes cataclismos de su historia, había salido indemne de los múltiples estragos del vibrión colérico. Puerto Príncipe todavía está en ruinas: las calles están hundidas, no evacuaron los escombros, gran parte de la población vive aún bajo tiendas o refugios improvisados que no son capaces de resistir a las violentas lluvias. La red de abastecimiento de agua, ya poco eficiente antes, fue afectada por el seísmo. La red de evacuación de aguas residuales era aún más ineficaz. Gran parte de la ciudad está construida sobre suelos pantanosos de manglares donde el agua circula con dificultad y en los que las aguas estancadas favorecen la proliferación microbiana. Por desgracia aquella epidemia tenía un carácter insoslayable aunque se sostuvo que el cólera fue propagado por los soldados nepaleses de la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití). Nepal fue afectado por el cólera estos últimos años, y como no existe una red de evacuación de las aguas residuales en Puerto Príncipe ni tampoco en los centros urbanos de menor importancia, las deyecciones de las tropas fueron derramadas en el río Artibonite.

Reconstruir, hasta en ciertos casos, construir redes de distribución y de evacuación de las aguas sigue siendo una prioridad. Se plantea el problema del precio del agua. Ya en 2000, las autoridades de la capital decidieron hacer pagar el acceso al agua. Los vecinos pobres perforaron entonces las canalizaciones y el agua salía a chorros por las calles. En tales condiciones, ¿cuáles son las soluciones? ¿Sería más barato hacer que las fuentes fuesen gratuitas? Esto acarrea un gran debate que deben iniciar los habitantes y las administraciones así como las organizaciones internacionales. A pesar de todo, Haití no va a recuperarse si las poblaciones no son aptas al trabajo y no tienen la energía necesaria para emprender una larga y difícil lucha para el desarrollo. 

Nos parece que para la AEC, aquí reside un verdadero proyecto de cooperación que esta organización podría defender a nivel internacional con el fin de hallar los fondos necesarios para los próximos 10 o 15 años y ayudar a la clase política para que inicie las necesarias reformas estructurales. 

Autor(a) : Monique Bégot
Traducción :  : Alfred Regy

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