UNIVERSIDADES, EDUCACÍON SUPERIOR
 
Fundación de las universidades

 

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Las Antillas tuvieron sus primeras universidades antes de muchas ciudades americanas o europeas. La universidad de Santo Domingo se fundó en 1538, (las de Lima y México en la Nueva España en 1551 y 1553 respectivamente), y La Habana tuvo la suya en 1726. La anterioridad de la institución universitaria en el norte del Caribe y en Nueva España, pone de relieve la interpenetración entre el Nuevo y el Viejo Mundo y un fuerte vínculo con la visión misionera de la colonización española. La universidad contemporánea comparte con la del siglo XVI y aun con la del XVIII, el nombre, la filiación y el ser depositarias de la sabiduría.

La creación de las universidades en Nueva España estuvo estrechamente relacionada con et proyecto evangelizador y misionero de la colonización española. Los jesuitas, los franciscanos y los dominicos le infundieron un alma e una inspiración. Hubo que esperar el siglo XIX, la evolución económica, cultural y política de las sociedades antillanas, metropolitanas y estadounidenses, para que se crearan nuevas entidades universitarias. Se trataba las más veces de colegios de derecho, como en Martinica en el siglo XIX, y fueron a menudo crisol de las ideas revolucionarias.

La mayor parte de las universidades se fundaron después de la Segunda Guerra mundial o fueron contemporáneas de las independencias. Para impulsar la creación de universidades en el archipiélago, se superponen dos cronologías y convergen dos lógicas. Una lógica política que, independientemente de la evolución institucional, procura librase de una postura de subordinación y dar a las generaciones futuras las llaves de un saber y de un conocimiento de los cuales se espera mucho. Una lógica económica que se inscribe en la evolución general de las sociedades industriales de las metrópolis y necesita una mano de obra mejor preparada.

Dos ejemplos políticos distintos ilustran las dos lógicas. Puerto Rico desarrolló muy pronto un sistema de formación profesional, y luego de formación universitaria, en estrecha relación con las inversiones industriales que la reglamentación americana en favor de la isla fomentaba. Hoy Puerto Rico tiene veinte universidades y más de 100 000 estudiantes. Después de la Revolución, Cuba hizo de la educación su prioridad y el nivel de formación de la población se incrementó considerablemente.

Globalmente, el nivel de escolarización en las Antillas es superior a lo que se puede esperar en una zona del «Sur» y también superior al de los países centroamericanos, aunque las cosas hayan cambiado en los primeros decenios del siglo XXI. Eligiendo vías diferentes, las British West Indies, Cuba y los departamentos franceses de América, han optado por hacer de la formación una herramienta para el desarrollo. Es una de las características de la trayectoria común de los países del Caribe. No se han arreglado, por lo tanto, los problemas del mercado laboral en estas entidades de reducido tamaño, pero el efecto dinamizador para todas estas sociedades es innegable. El incremento del sector terciario en la economía ha impulsado y respaldado el desarrollo de las formaciones universitarias, de ahí el fuerte aumento de la población estudiantil en los últimos decenios del siglo XX.

El reto actual es diferente pero de gran magnitud: las universidades, como la economía, necesitan fuertes vínculos con la investigación y la innovación. Para eso, tienen que superar el inconveniente de estar lejos de los centros importantes y evitar el empobrecimiento intelectual y el ensimismamiento. Las redes interuniversitarias, las redes humanas y las tecnologías de la información pueden brindar una ayuda valiosa. Después de los éxitos pasados pero reales del siglo XX, la educación es el gran desafío del siglo XXI.

Autor(a) : Monique Bégot

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