MOVILIDADES Y MIGRACIONES
 
Migraciones de Haicianos
"M ape drive tankou yon bowemyen - Mitos y relidades de las migraciones de haitianos en el Caribe

Región de inmigrantes en sus orígenes, el Caribe se convirtió ya en los albores del siglo pasado en región expulsora, por lo que se caracteriza mayormente, sobre todo a partir de los años 30 del siglo pasado. A lo largo del siglo XX, se calculan en alrededor de 6 millones la cantidad de personas que migraron desde esa región, hacia Norteamérica (los Estados Unidos y Canadá) y Europa (Gran Bretaña) esencialmente. Pero, pasada la época propicia en que las aperturas de las fronteras al Norte se mantenían abiertas, entre otros factores por el carácter reciente de muchas de las independencias* aunado al efecto benéfico de tres décadas de crecimiento económico internacional sostenido (las “treinta gloriosas”), esos flujos migratorios se hacen cada vez más difíciles, crecientemente irregulares e ilegales. Empero, globalmente el Caribe es considerado como una de las regiones de mayores flujos migratorios per cápita en el mundo y l a tasa migratoria neta para el Caribe es una de las más altas, con países como Jamaica, Santa Lucia o Surinam a la cabeza. En el plano económico, datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que las remesas provenientes de las comunidades caribeñas en el exterior representan alrededor del 13 por ciento del Producto Interno Bruto del conjunto de los países, lo cual hace del Caribe la región de mayor producción de remesas a nivel mundial.

Empero, una parte importante de la identidad regional del Caribe reside en que la región, además de haberse constituido históricamente por olas sucesivas de migrantes, ha venido definiéndose y sigue moldeándose por movimientos poblacionales internos, de modo que las migraciones son un elemento forjador de esta identidad. El presente ensayo examina como, dentro de esta dinámica global, la migración haitiana se impone a partir de los años setentas como un fenómeno de especial relevancia y discute la tesis de acuerdo a la cual esta migración específica redefine las relaciones económicas, políticas y diplomáticas en la Cuenca y plantea desafíos complejos para la constitución de la región en el marco de la globalización.

Desde el mosaico étnico y cultural hasta la diversidad de religiones, el aporte migratorio en la definición de la región es tan fundamental como las otras similitudes de vocación o de potencial económico que resultan de la geografía y de la geopolítica.

De hecho, ya después de las aboliciones en el siglo XIX, flujos de trabajadores cruzan incesantemente la Cuenca en busca de empleo y de mejores condiciones de trabajo. La compartimentación política de la región no obstaculiza dichos flujos. Huellas de esta dinámica lo constituyen, por ejemplo, las comunidades de haitianos en Cuba, o las colonias de“cocolos”*, en la República Dominicana. Estos flujos continúan durante el siglo XX. Así, en los años 70s, el auge petrolero en la región indujo importantes movimientos poblacionales hacia las Islas Vírgenes, Aruba, Trinidad y Tobago, entre otros. Posteriormente, el boom turístico que toma el relevo después de la crisis petrolera acarrea otras migraciones laborales hacia los países de mayor crecimiento turístico pero carentes de empleados para el sector servicios. La migración intra-caribeña encuentra así incentivos permanentes hasta la actualidad.

1. Haití ¿en el corazón del Caribe?

Figura 1: Mapa de Haití

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Fuente: F. Turbout, UCBN, Atlas Caribe, 2012.


Dentro de este contexto, la historia de las migraciones de haitianos en el arca del Caribe atestigua de una tradición y una cultura que han convertido Haití en una “potencia migratoria” en la región. Dicho “estatuto” se ha ido construyendo por etapas históricas. En un primer momento y a primera vista, las migraciones de haitianos encajan sin mayores especificidades dentro de los flujos de trabajadores arriba mencionados. Como los demás, los migrantes haitianos son ante todo trabajadores agrícolas y campesinos en busca de ingresos complementarios. Por otra parte, desde los albores del siglo XX y la incorporación de la mano de obra de Haití al complejo geopolítico-económico de los EEUU en la Cuenca del Caribe, la migración haitiana lleva las huellas de la historia singular del país y de su largo aislamiento político. Los migrantes haitianos se mueven dentro de un espacio aun casi totalmente colonizado y que ignora fundamentalmente su país de origen. Las consecuencias son múltiples tanto a nivel de sus condiciones de empleo y de inserción en las sociedades receptoras, como para el manejo de su estadía y adaptación por parte de las autoridades de dichos países. En efecto, hasta casi llegar a la década 1960, Haití comparte con tan solo la República Dominicana la condición de Estado pleno. Con la enmienda Platt Cuba ha quedado fundamentalmente bajo control norteamericano, Puerto Rico ha sido comprado y todas las demás islas son pertenencia de Holanda, de Francia o de Gran Bretaña. Aunado a este panorama, que se traduce en aislamiento político-diplomático, las diferencias de idioma, de economía, de tradiciones culturales y religiosas, contribuyen no poco a proyectar de los migrantes haitianos la imagen de un pueblo extraño, poco asimilable y nada deseoso de serlo por lo demás. Escapa a los limites de este espacio exponer las diversas facetas de esos flujos migratorios esencialmente informales y escasamente documentados, pero conviene subrayar que hasta la ola de migraciones en los años setentas , que en las décadas siguientes se torna une verdadera sangría demográfica del país, los haitianos se mueven en realidad fundamentalmente de acuerdo a los parámetros que definen a otros flujos de trabajadores en el área: la búsqueda de empleo en las economías de plantación (Cuba, y a partir de los años 1920, la Republica Dominicana) y en grandes obras como la construcción del Canal de Panamá. Además la migración haitiana es aún relativamente modesta en proporción con la población total del país.

Es a partir de la década de los sesentas específicamente, cuando los migrantes haitianos dominan progresivamente los flujos migratorios en el arca isleño del Caribe e incluso en su borde suramericano (Guyana francesa). Su presencia no se limita a los contingentes que se dirigen hacia la RD - aunque esta frontera terrestre, la única para ambos países, albergue un de los flujos mayores. A lo largo y ancho de la Cuenca alrededor de 200.000 migrantes haitianos (excluida la República Dominicana), transitan o se han establecido. La migración de haitianos en el Caribe isleño y la Guyana francesa tiene su historia, sus especificidades socio-demográficas, sus variadas facetas y, por supuesto, su impacto económico, diferentes de país en país. Sin embargo, ya ostenta a nivel regional las características que la definen hoy: Temporal o definitiva, se compone no sólo de braceros sino cada vez más de comerciantes que se mueven en toda la Cuenca: hacia las Bahamas de modo privilegiado, pero paulatinamente también hacia Panamá, las Antillas francesas y la Guayana, las islas menores (Dominica, Saint-Martin, Sta. Lucía…). Así, tejen una red que es a la vez económica y cultural. Según las características económicas de la sociedad receptora, sus perfiles socio-demográficos varían entre el predominio de trabajadores rurales con poca calificación, una mayoría de trabajadores urbanos del sector informal o, a partir de los años noventas, comunidades de clase media y profesionales. La posición geográfica central de Haití dentro del arca isleño parece plasmarse así en la red demográfica, social y económica que conforman sus colonias de emigrados. Al mismo tiempo, la falta de protección por parte de las autoridades de su país, las diferencias de idioma y cultura que devienen en obstáculos a su adaptación, contribuyen a hacer de esas comunidades de migrantes haitianos unos verdaderos “bohemios errantes”, aun cuando conforman comunidades más o menos estables.

2. La “invasión haitiana” de la Cuenca, o Haití potencia migratoria

Ya no es tanta noticia, pero si se ha anclado en lo cotidiano de los países caribeños, que los migrantes haitianos llegan y se instalan en comunidades cada vez más densas y cerradas, introduciendo sus particulares idiomas, ritos y cultura. En algunos países incluso, la vecina Republica Dominicana pero también la Bahamas o la Guadalupe francesa, prejuicios populares y/o discursos políticos aluden a la amenaza del “peligro haitiano” para la nacionalidad. Más aún, la imagen de los boat people , un fenómeno regional que afecta a varios migrantes del área (dominicanos, cubanos) y del mundo (Asia y el Pacifico) pero popularizada por cierta prensa internacional como una especificidad haitiana, ha reforzado estas concepciones. Empero, un examen del panorama de la implantación de haitianos en el Caribe isleño más allá de los prejuicios, el indica a la vez la existencia de nudos problemáticos, sus proporciones reales, y algunas pistas de intervención en la perspectiva de la construcción ya en marcha del bloque regional caribeño.

En las Bahamas , la comunidad haitiana se ha ido constituyendo de dos maneras. La más consistente tiene que ver con las redes de comerciantes se que han ido desarrollando en toda la región – y que por cierto tienen su equivalente en Centroamérica también – esencialmente por las mujeres del sector informal, y que abastecen a toda una franja de la economía popular en el área. Esa parte de la comunidad es la más dinámica, la más fluida también, itinerante y fundamentalmente funcional a la economía y la cultura del arca. La otra modalidad de introducción de haitianos en esas islas tiene que ver con las migraciones clandestinas. Los boat people , cuyos contingentes se dirigen a menudo más bien hacia les EEUU pero son arrojados sobe las cosas bahameñas, dejan su saldo de clandestinos que se instalan poco a poco en el país. A nivel de las estadísticas, los datos censales bahameños no informan sobre la migración haitiana. Estimaciones provenientes del ministerio bahameño de migración establecen en cerca de 70.000 la comunidad de haitianos establecidos en las islas habitadas (alrededor de 25); de ellos más del 40 por ciento estarían indocumentados. Otras estimaciones1 son congruentes con estas, aunque contabilicen haitianos y jamaiquinos en el mismo total. Las Bahamas cuentan con unos 350.000 habitantes. Los migrantes haitianos representarían 25 por ciento de la población total, tomando en cuenta los ilegales.

El perfil económico de esta población es el mismo en la mayoría de las islas. Los haitianos en la Bahamas están empleados en el servicio domestico, donde representan el 25 por ciento del empleo en ese sector; un porcentaje similar se encuentra en el sector de la construcción y alrededor del 14 por ciento trabaja en el sector agrícola. Señalemos que a raíz del terremoto del 12 de Enero del 2010 las autoridades bahameñas interrumpieron un tiempo las repatriaciones de ilegales, pero las ha reanudado este año.

La Dominica y Santa Lucia , con 73 000 y 161 000 habitantes respectivamente, figuran entre los Estados más pequeños de la región, junto a Saint Kitts & Nevis and Antigua & Barbuda. En realidad estos países diminutos no son en general destinaciones para los migrantes de la región. En efecto, de acuerdo a fuentes diplomáticas la mayoría de estas personas cuando son interceptadas manifiestan que su destino final es la isla francesa de Guadalupe. Verdaderas redes existen al respecto. Sin embargo, casualidades o circunstancias ligadas a los circuitos de la migración, esos diminutos Estados han recibido también cierto número de migrantes haitianos y naturalmente su reducido tamaño confiere una importancia desmedida a los miles de haitianos que allí radican o transitan. Es así como, en el año de 2005, las autoridades de la Dominica impusieron una visa para los viajeros haitianos hacia dicho país. El Primer ministro entonces, Roosevelt Skerrit, indicó que la constante afluencia de haitianos en la isla constituía una fuente de preocupación para la seguridad nacional de la Dominica y que esas nuevas disposiciones apuntaban a reducir el número de viajeros provenientes de Haití.

Los territorios franceses: razones históricas y culturales fáciles de entender explican que los territorios franceses sean una destinación privilegiada para los migrantes haitianos que se mueven en el arca isleño. Como ya se apunto, esa migración empezó durante la década 1970 y constituye para estos departamentos franceses una migración mas reciente que otras provenientes de dentro o fuera de la región. Francia tiene tres territorios que interesan específicamente la migración haitiana. Si los tres tienen mecanismos migratorios et administrativos idénticos, la situación de los haitianos difiere bastante de un lugar a otro.

En la Martinica , alrededor de 1 400 haitianos formaban la comunidad inmigrada en la isla en 2007. Está compuesta por un grupo de origen esencialmente urbano; la proporción de mujeres ha aumentado regularmente desde principios de los años 1990 y representa hoy cerca del 53 por ciento del total. La comunidad cuenta también con un grupo professionales. Un buen tercio de ellos han obtenido la nacionalidad francesa.

En la isla de Guadalupe , la situación es sensiblemente diferente. En este territorio más grande que la Martinica, la comunidad haitiana cuenta más de 23.000 personas y tiene un perfil diferente al grupo instalado en la Martinica. De acuerdo al servicio del estado civil y de los extranjeros, en Pointe-a-Pitre, en 2009 alrededor de 23 200 haitianos residían en Guadalupe. Ello, sin contar la islita de San Martin, mucho tiempo dependiente administrativamente de Guadalupe y que cuenta también con miles de haitianos. De esos 23 000, 11 000 estarían en situación ilegal. Estos últimos trabajan clandestinamente en las plantaciones azucareras, de plátanos u otros en la agricultura. La discriminación de los haitianos es mucho más marcada en Guadalupe y perceptible en prácticamente todos los sectores de la población, incluida la administración pública y las autoridades migratorias. Mutatis mutandi esta situación es comparable con la que prevalece en la República Dominicana.

En Guyana francesa , las evaluaciones de la comunidad haitiana son aun más imprecisas y se estima que la mayoría de sus 40.000 miembros están indocumentados. En un primer momento, durante la década de 1970, los contingentes eran de trabajadores masculinos y agrícolas. Desde finales de los 80s la migración hacia la Guyana francesa se ha feminizado y la comunidad se ha asentado, con el establecimiento de familias enteras, aprovechándose de la política francesa de reagrupamiento familiar. La estabilización y el desarrollo de esta comunidad han dado lugar, en múltiples ocasiones, a actitudes xenofóbicas y expresiones de prejuicios de toda índole, entre otros, durante los años 80s, sobre la propagación del Sida en ese país.

Las islas Turk and Caicos , territorio británico, han recibido una cantidad de migrantes haitianos que ha motivado la negociación en 1996 de un acuerdo entre los dos países para la repatriación por fases de la tercera parte de esa población, unos 3 000, mientras otros mil fueron beneficiados del estatuto de residentes. Se calcula que hoy los haitianos representan más del 25 % de la población total de ese territorio. Trabajan esencialmente en el turismo y la construcción, así como en el servicio domestico.

Aparte de esas comunidades más importantes y estructuradas, encontramos migrantes haitianos también en Jamaica (alrededor de mil), unos 500 en Cuba y posiblemente unos 2 000 en Venezuela.

3. El impacto más allá de los mitos

Por su importancia demográfica dentro de sociedades y economías pequeñas, estas migraciones han contribuido a forjar la imagen de un migrante haitiano invasor y mísero, un poco a la imagen de los bolivianos en Brasil, los paraguayos en Argentina, o los nicaragüenses en Costa Rica. Por ello, la acogida y adaptación de los haitianos son variadas pero a menudo impregnadas de hostilidad. Es relevante el hecho que la existencia de otros flujos migratorios importantes, provenientes de otras islas no relativiza dicha imagen que ha derivado en estigmatizaciones de los haitianos en varios países. En efecto, basta un acercamiento aún rápido de la dinámica migratoria intra-caribeña para constatar que existen dos categorías de país en la región, en cuanto a tradición y saldo migratorio se refiere. Por un lado están los países con emigración fuerte, hacia fuera de la región y hacia países de la Cuenca: Haití, Jamaica, la República Dominicana, la Dominica, Barbados, Surinam, Santa Lucia, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Granada. Y por otro, hay un grupo de países esencialmente receptores de migrantes caribeños: los territorios franceses (Martinica, Guadalupe, Guyana francesa), las Bahamas, Antigua y Barbuda, las islas Turk and Caicos, las Islas Vírgenes británicas y estadounidenses. Las comunidades provenientes de países tales como Jamaica, la Dominica, República Dominicana o Puerto Rico en países receptores como Guadalupe, Martinica o las Bahamas a menudo padecen discriminaciones similares a las que confrontan los haitianos. Así, con 1 543 migrantes para 1 347 haitianos, los dominicos superaban los haitianos en 2005 en la Martinica. Y en Guadalupe de un total de 38 273 extranjeros, 23 232 eran haitianos, 8 057 dominicos et 2 329 dominicanos.

¿De qué se nutren estos prejuicios? Más allá de subjetividades, determinados elementos han contribuido sin duda a fabricar esa imagen negativa del haitiano en la Cuenca. Identificarlos es un requisito para superarlos, en aras de lograr el desarrollo del Caribe como una entidad de la comunidad mundial de regiones. Entendemos que han desempeñado un papel importante:

  • El largo aislamiento del país con respecto a la región. Demográfica, económica y culturalmente, el aislamiento político de Haití ha tenido implicancias incalculables para su posterior inserción a la región; El mito alrededor de la historia excepcional de ese país ha acarreado también temores ligados al estatuto de mal ejemplo que las potencias del área (todas propietarias de al menos un territorio) otorgaron al país.

  • La larga ocupación estadounidense (1915-1934) que siguió al fracaso del primer proyecto de los próceres, afianzó el papel de proveedor de mano de obra asignado a Haití dentro del complejo económico- militar de los Estados Unidos en la Cuenca2.

  • Los 30 años de dictadura duvalierista, seguidos de una transición fracasada que profundizo el gap entre las economías, los sistemas políticos y los niveles de vida en Haití con respecto a muchos otros países del área. Esta distancia se puede medir en muchos de los indicadores socioeconómicos clásicos, tales como aparecen por ejemplo en el Índice de Desarrollo Humano.

  • Pero se mide también en otros aspectos, más evasivos y sin embargo tan importantes para la adaptación de los migrantes como: los códigos de socialización, más anclados en tradiciones rurales y “pre-mundialización”, que perduran más allá de la total apertura al mundo del país y de su economía.

En suma, si bien Haití nunca estuvo totalmente al margen de la región, sino más bien en una especie de “contrapunteo” con respecto a ella, la paulatina distancia que se fue estableciendo entre los Estados ha propiciado una suerte de singularización de los haitianos en la Cuenca, que resulta perjudicial para los migrantes y los viajeros en general. Una ilustración de ello es, entre otras, la medida tomada recientemente por la Dominica de exigir una visa y una fianza de seguridad de 400 dólares a los solos viajeros provenientes de Haití. Asimismo, y al contrario de lo que dictan los acuerdos al respecto, los ciudadanos haitianos son a menudo impedidos de disfrutar la facilidad de ingresar a países de la región con una visa estadounidense o Europea.

Ahora bien, detrás de los mitos y prejuicios hay una dinámica y un aporte regionales que deben ser reconocidos, analizados y valorados. Como es el caso en todos los fenómenos migratorios, en lo económico los migrantes haitianos en el Caribe son una mano de obra casi insoslayable hoy en día, dentro de economías aun agrícolas y/o crecientemente turísticas, dos sectores en que los haitianos son empleados preferentemente. Además, sus impactos sobre las sociedades receptoras son multifacéticos: económico por supuesto, pero también social y cultural. Se puede decir que los migrantes haitianos han contribuido en la divulgación y, por lo mismo, en el reconocimiento del creole, un idioma regional cuyo estudio y cuya utilización administrativa es hoy una realidad. La afirmación del vudú, la religión popular haitiana, también ha aportado a la valoración de varios ritos populares, folklóricos o religiosos, otrora marginalizados o desvalorizados. En el marco del multiculturalismo y de la revalorización de las culturas populares no occidentales en particular, estos aspectos adquieren un interés nuevo y no poco relevante. Todo ello recae en la fisionomía misma de las sociedades caribeñas y va forjando en determinados aspectos una cultura “regionalizada”; ello es innegable por ejemplo en la producción de artesanía y la celebración de ciertas fiestas populares. Hacen un aporte sensible en la economía y el enriquecimiento cultural caribeños . Last but not least , esas comunidades también envían remesas importantes. Uno se refiere en general a los aportes de los migrantes residentes en Norteamérica, pero las remesas de haitianos provenientes de países tales como las Bahamas y la República Dominicana, con un perfil socioeconómico mucho más modesto que el de las diásporas del Norte, representan alrededor de 30 millones de dólares cada una.

4. Construir el Caribe: ¿con o a pesar de las migraciones?

Los flujos incesantes de migrantes haitianos en el Caribe plantean retos pero tienen también potencialidades para el desarrollo del área en una nueva región, dentro del marco de la globalización. En efecto, hoy, el tema de las migraciones haitianas en el Caribe adquiere una actualidad candente en el marco de las tendencias hacia la constitución de bloques político-económicos regionales. Dos instituciones se disputan la representación del Caribe hoy: la Asociación de Estados del Caribe – AEC - y la CARICOM. La AEC ha sido creada en 1994 a iniciativa del MERCOMUN centroamericano y de la CARICOM conjuntamente. Empero, si bien ambas están preocupadas por el tema migratorio3,   la CARICOM, como subconjunto de la región, es la entidad más concernida por los flujos migratorios provenientes de Haití. Por ello, el problema del impacto de esos flujos sobre la integración regional atañe principalmente a la subregión isleña que abarca esa institución.

La CARICOM presenta hoy día un desarrollo institucional con un potencial real para aglutinar un proyecto de ciudadanía caribeña. Sin embargo, en su seno es detectable la existencia de aprioris relativos al tema migratorio, que complican tanto el planteo de las complejidades reales como la búsqueda de acuerdos propicios a soluciones de alcance regional. De hecho, desde su creación oficial en 1973 la CARICOM ha superado algunas limitaciones de su visión primera4 y efectuado grandes aperturas recientes, con la integración de Haití y la aceptación de la República Dominicana como país observador. Además la CARICOM ha emprendido una política de acercamiento con Cuba desde 1993 para fines de cooperación. El convenio que establece la Comisión Conjunta CARICOM-Cuba prevé incluso “la búsqueda de una comprensión reciproca de sus posiciones (…) en foros regionales e internacionales5, lo cual induce una clara conciencia de que existen intereses y objetivos comunes a la Cuenca.

El potencial de la CARICOM remite a sus estructuras de cooperación, que han sido desarrolladas en diversos ámbitos: económico, comercial, cultural y universitario. En su perfil se denota sin embargo que permanece aún muy “centrada” alrededor de las ex-colonias británicas, como lo ilustra, entre otros indicios, el mantenimiento del inglés como su idioma oficial. Con todo la CARICOM es hoy una entidad consistente, diplomática e institucionalmente, dentro de la región. El tratamiento que se hace de la problemática migratoria en dicho espacio es por lo tanto clave para la viabilidad misma de una construcción caribeña.

En primer lugar, en su configuración actual, la CARICOM cuenta con tan solo una minoría de países con presencia importante de ciudadanos haitianos. Son esencialmente las Bahamas, la Guyana ex-británica, la Dominica. Por otra parte, los Estados líderes de la Comunidad resultan ser o importantes países expulsores - como Jamaica – o países con una presencia reducida y no conflictiva de migrantes caribeños en general y haitianos en particular –es el caso de Trinidad y Tobago. No existe por lo tanto una coincidencia completa entre los países receptores de grandes contingentes de migrantes haitianos y los países miembros de la CARICOM. La verdad es que las reticencias –y hasta las resistencias– que durante mucho tiempo obstaculizaron a entrada de Haití en la CARICOM, no tienen fundamento importante en la cuestión migratoria sino que se originan en la historia política del Caribe y las relaciones que se establecieron entre las ex-colonias británicas y los otros Estados a partir de los 1960. Sin embargo el tema migratorio ha sido evocado casi sistemáticamente para limitar el alcance de la membrecía haitiana. Así, el tratado de Chaguaramas6, que rige la Comunidad, ha sido modificado en 1989 con el objeto de establecer una zona económica y un mercado caribeños unificados. Es vigente desde el 2006 pero a la fecha sus efectos en materia de libertad de circulación de las mercancías y de las personas han sido muy limitados y si bien Haití participa teóricamente de la Comunidad, no se beneficia con este componente. Asimismo Las Bahamas no han firmado esta clausula de la Comunidad y la Dominica, que sí es parte del tratado, no lo aplica para los haitianos.

Dicho lo anterior, lo cierto es que con sus casi 10 millones de habitantes, Haití representa demográficamente por sí sólo, alrededor del 60 % de la población del Caribe isleño (que tiene 15 países miembros). Su “plena” incorporación a dicha organización regional es reciente (2002 y 2006) y objeto de múltiples “excepciones y reservas”, las cuales remiten ante todo al temor representado por la economía más pobre y el país más poblado de las islas.

La problemática de la gobernanza migratoria en el Caribe parte de una extrema fragmentación político-diplomática, de Estados pequeños con territorios reducidos. La problemática tiene tres facetas. La primera remite al tamaño de los Estados involucrados. El impacto de la inmigración sobre los Estados más pequeños del Caribe es una realidad innegable. No por casualidad muchos tienen un ministerio de la seguridad nacional, cuya responsabilidad principal es manejar la migración. Países como la Dominica, Antigua/Barbuda, o Granada, alcanzan un umbral problemático con unos miles de migrantes. Pero por otra parte es cierto que el desarrollo turístico de esos territorios por ejemplo, ha inducido exigencias adicionales a esas pequeñas sociedades; y los migrantes al compensar por esos déficits constituyen un aporte real y contribuyen visiblemente al desarrollo económico de dichos países.

La segunda concierne al mercado caribeño, sus características, su tamaño. Aquí el criterio demográfico es tan solo una de las variables a considerar. Los diminutos territorios del Caribe conforman, por su potencial turístico, un mercado atractivo y lucrativo. La capacidad de consumo de esos países suma por lo tanto la de sus nacionales a la de sus visitantes. En este contexto Haití es, dentro de la CARICOM, la potencia de otra índole, con un mercado a desarrollar y recursos turísticos originales sino únicos en la región.

La tercera faceta tiene que ver con la importancia geopolítica de la Cuenca. Se mencionarán tan solo la importancia del Canal de Panamá para el comercio mundial y el mantenimiento significativo de las bases de Guantánamo en Cuba y de Vieques en Puerto Rico bajo autoridad norteamericana. Este aspecto deberá sin embargo ser contemplado a la hora de emprender la elaboración de una agenda común. La presencia física de las principales potencias mundiales dentro de la Cuenca obliga a la adopción de fundamentos muy claros en referencia a la “caribeñidad”, so pena de permanecer en un nivel de balcanización heredado del pasado y aprovechable por cuanta potencia exterior tenga algún interés en ello. Por lo mismo, definir el Caribe como la comunidad de países de la Cuenca no es lo mismo que limitarlo al arca isleño. Pero esto es ya otra historia.

5. Pistas y perspectivas

Haiti puede ser, para la región, una amenaza y un potencial. La potencia demográfica aunada a la pobreza constituye un “coctel” amenazante, que las migraciones parecen materializar. Pero la historia, al igual que las estadísticas establecen claramente el aporte multifacético de estos migrantes que trabajan, comercian, fabrican y crean, impactando la región y dejando huellas indelebles. Las migraciones pueden contribuir al crecimiento de las economías y al desarrollo humano en los países receptores tanto como en los países de origen. La diversidad cultural enriquece a las sociedades y promueve prácticas de entendimiento y de respeto entre comunidades diferentes. Pero por otra parte no es menos cierto que las migraciones irregulares o ilegales, pueden tener un impacto negativo en las sociedades al aumentar las necesidades y demandas en servicios públicos, salud, educación etc. En lo que concierne al Caribe, los países han sido por lo general reticentes a integrar migrantes extranjeros a sus sociedades. Sólo tres Estados: la Dominica, Jamaica y Trinidad y Tobago han dado muestra de esfuerzos para promover la integración de extranjeros. Cuatro países planifican la reducción de sus inmigrantes permanentes7.

La consolidación y la ampliación de la Comunidad Caribeña (CARICOM), la creación y el desarrollo de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), indican la posibilidad de un porvenir de cooperación. Ello tiene, entre otros muchos requisitos, el de la elaboración, con mecanismos de cooperación y no solo de regulación y control, de una política regional de migraciones intra-caribeñas; con el establecimiento de principios comunes de garantía para los derechos de los migrantes, control de fronteras, tratamiento de los flujos de ilegales, regulación de las migraciones laborales y estacionales, entre otros aspectos de consideración. A pesar de los retos planteados para economías y sociedades con problemas de desarrollo, esta perspectiva es posible y necesaria, ya que en todo caso “es interesante (notar que) expertos en la materia han observado que los migrantes internacionales que se mueven desde países en desarrollo hacia países desarrollados son menos numerosos que los que se mueven de un país en desarrollo hacia otro8.



BIBLIOGRAFIA


James Ferguson, 2003, Migration in the Caribbean: Haiti, the Dominican Republic and Beyond Minority Rights Group International (MRG), London.


The impact of immigration on Caribbean microstates: Bahamas, British Virgin Islands, Saint Maarten, United States Virgin Islands , www.caribbeing.com/caribbean/Migration/eclac-g0540.htm


ECLAC, 2000, Migration in the Caribbean – what do we know? An overview of data, policies and programmes at the international and regional levels to address critical issues, Port-of-Spain, Trinidad and Tobago.


Peter Richards, 2011, Caribbean Joins with EU, ACP to Better Manage Migration Interpress Service, 29 de septiembre.

 

Website France diplomatie.gouv.fr

 

Website United Nations Population Division

 

 



1 Realizadas por la embajada de Francia en las Bahamas; ver su sitio internet France diplomatie.gouv.fr. Según esta fuente: "on estime que de 30 000 à 40 000 citoyens haïtiens résideraient (approximativement 12% de la population totale) aux Bahamas, mais des observateurs affirment qu'un nombre beaucoup plus considérable (au moins égal) serait entré clandestinement dans le pays".

2 Este papel fue explícitamente definido, con medidas concretas como las operaciones sistemáticas por parte de las grandes compañias azucareras norteamericanas de reclutamiento de braceros en haití, para las plantaciones cubanas y dominicas.

3 Todos los países circundantes de la Cuenca son parte de la compleja red migratoria que desemboca principalmente en los EEUU y en Canadá.

4 Como su auto percepeción, heredada de un pasado colonial común aún reciente en ese entonces, que dio lugar a una formulación defensiva due sus objectivos: "hacer frente común con respecto al munod exterior" ("...a common front in relation to the external world". Preámbulo de la Carta.

5  "...seek a greater understanding of each other's views and positions on issues which may arise in the various regional and international forums..." (Art. III del Convenio).

6 Del nombre de la ciudad de Trinidad donde se firmó

7 Migration in the Caribbean - what do we know ?

8 "Interestingly enough, experts in this field have observed that there are fewer international migrants moving from developing to developed countries than those who from one developing country to another". Peter Richards, Interpress Service, 29 de septiembre 2011.


Autor(a) : Sabine Manigat

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