MOVILIDADES Y MIGRACIONES
 
Emancipaciones y nuevas movilidades durante el siglo XIX

 

En el Caribe, el siglo XIX se caracterizó por profundos trastornos dentro de los ámbitos sociales, políticos y económicos. Cabe remontarse a 1782, cuando nacieron los Estados Unidos, para descubrir la primera falla en la colonización europea en América. El levantamiento de los esclavos de Santo Domingo en 1791 fue el acontecimiento que dio la señal de los disturbios en el espacio que observamos. Las ideas de las Luces que fecundaron los conceptos y actos de los padres fundadores de la República de Estados Unidos, se hallaron fortalecidas y radicalizadas por la Revolución francesa a partir de 1789. En 1794, la Convención promulgó la abolición de la esclavitud, que no iba a ser restablecida sino en 1802 en Guadalupe. La insurrección en Santo Domingo dio lugar al nacimiento de Haití en 1804, primera república negra de la historia. Hoy en día, difícilmente se imagina la importancia de aquel acontecimiento en el conjunto colonial americano. Las primeras repercusiones aparecieron en el imperio Español.

Por tanto se trata de evocar brevemente aquellas profundas transformaciones socio-políticas ocurridas durante la primera mitad del siglo, antes de analizar la lenta decadencia del mercantilismo azucarero de las Antillas, poco a poco privado de los esclavos, frente al recién capitalismo industrial abarrotado de máquinas de vapor dispuesto a conquistar mares y continentes. La utilización de la máquina de vapor en la marina, la industria y el ferrocarril transformó la cuenca del Caribe, al igual que transformó Europa, pero con matices peculiares resultantes de su larga historia de esclavitud colonial.

1. La emancipación política del Imperio español

Durante los veinte primeros años del siglo, la parte continental del Imperio español se libró de la tutela colonial por medio de alzamientos reprimidos con dureza y numerosas batallas. Hizo emerger a guerreros y estadistas entre los cuales el más famoso fue Simón Bolívar. La estructura unitaria del antiguo imperio no pudo perdurar en un siglo en el que, por toda Europa, se propagaba el nacionalismo por los pueblos que vivían sometidos a varias dinastías y feudalismos en toda Europa. A pesar de los esfuerzos de Bolívar para que se constituyeran grandes conjuntos parecidos a los Estados Unidos de América, nacieron numerosos Estados con límites siempre controvertidos y una estabilidad frágil, acentuada por la voracidad de los europeos, en primer lugar ingleses y franceses. Aprovecharon los problemas interiores de los Estados Unidos que no les permitieron intervenir con eficacia antes del fin de la guerra de Secesión (1865). Fue así que Francia intervino en México, entidad que había perdido el 40% del territorio de Nueva España a consecuencia de su guerra contra los Estados Unidos. Inglaterra no se daba por vencida en Belice y en la Honduras británica que formaban un dominio casi continuo en la orilla caribeña, desde el sur del Yucatán hasta la desembocadura del río San Juan en la frontera de Costa Rica. Aprovechaba el fracaso bolivariano de unificar la América central, la cual se separó en cinco Estados mientras el istmo de Panamá se convertía en parte de Colombia que no pudo unirse con Venezuela.

Aquellos nuevos Estados negaron cualquier existencia legal a las tres Guyanas (francesa, inglesa, holandesa). La incesante disputa por las fronteras dio lugar a numerosos conflictos de los cuales se aprovecharon los jefes militares para tomar el poder por la fuerza (golpes de Estado). En contradicción con los grandes ideales que orientaron la descolonización del Imperio español, se constituyó una red de Estados con regímenes dictatoriales, que neutralizaban los parlamentos cuando los había y acallaban las oposiciones al tiempo que tenían dificultades para afirmar la autoridad del Estado sobre la totalidad de territorios nacionales donde reinaba el caudillismo. El cambio de jefes en aquellos nuevos Estados era frecuente y las más veces brutal. Sus legislaturas no hacían sino afianzar a una limitada plantocracia a la que se asociaban parte de la burguesía promotora de la descolonización y las facciones militares que se reemplazaban en la toma del poder. Tratándose de los intereses extranjeros, les era fácil ejercer presiones tanto sobre la economía como sobre la política de aquellos recién y endebles Estados, y hacer que se sublevaran unos contra otros (cf. 2. Ambiciones caribeñas de los Estados Unidos - La revolución de las energías y del transporte).

Las Grandes Antillas se liberaron más tarde que el continente. La parte española de Hispaniola vivió una coexistencia difícil con el nuevo Estado haitiano que, varias veces, quiso ponerla bajo tutela. Libre del yugo colonial a mediados del siglo, iba a padecer, como sus vecinos, de las ambiciones norteamericanas. En cuanto a Cuba y Puerto Rico, formaban en América el último baluarte colonial a la que se agarraba una España debilitada a causa de sus peleas internas y en decadencia económica. Aquellas islas no se liberaron del yugo español sino para conocer la Pax Americana a fines del siglo.

2. La muy lenta desaparición de la esclavitud en las Antillas de Haití a Cuba

2.1. ¿Un sistema extenuado?

Ya al principio del siglo XVI se ponían la trata y la esclavitud de los africanos en tela de juicio. Moralistas, religiosos católicos, representantes de las iglesias protestantes condenaron aquellas prácticas en nombre de la moral. Su influencia no hizo sino aumentar a lo largo de los siglos. Por otra parte, los mismos esclavos se rebelaban o intentaban escapar de su condición (cf. 2.3.1. El gran temor a los cimarrones - Las movilidades resultantes de la apropiación violenta). La necesidad de comprar a nuevos esclavos provocaba el alza del precio de venta en transacciones en las que competían negreros oficiales y filibusteros.

Si aquel sistema enriqueció la Europa occidental, también ayudó a que naciera una era nueva, la de la era industrial cuyo promotor más importante fue Inglaterra. La invención del maquinismo gracias a la energía reciente del vapor sacada del carbón, ofrecía a los hombres nuevas perspectivas de conquistas. Revolucionaba sus medios de transporte en el seno de una naturaleza de la cual iban a protegerse mejor e incluso pensar en modificarla. Podía la máquina sustituirse al hombre en muchas labores al tiempo que efectuaba nuevas tareas. ¿No iba entonces a competir con los esclavos?

Se introdujo el maquinismo en el sistema de la plantación azucarera tras muchas reticencias locales. Por causa de la máquina de vapor, los antiguos ingenios-destilerías vinieron a quedar obsoletos. Las nuevas centrales de vapor transformaron la geografía azucarera de las Antillas. Desaparecieron numerosos ingenios ya que las nuevas fábricas, necesitaban, para el cultivo de la caña, una concentración de tierras donde instalaron redes de ferrocarril para el transporte de las cañas hacia el ingenio. A partir de aquel entonces, el capitalismo industrial trabajó con capitales exteriores que se sustituyeron a los de la plantocracía local que se revelaron insuficientes.

De este modo, en las primicias del siglo XIX, la esclavitud en las Antillas era acometida por todas partes, al interior por las sublevaciones incesantes de los esclavos, al exterior por consideraciones morales y religiosas, nuevas situaciones políticas (revoluciones francesas de 1789 y 1848) y por potentes intereses económicos que la denigraban porque era un obstáculo.

Inglaterra encabezó aquella lucha contra la trata y la esclavitud. Los propietarios de las empresas metalúrgicas se sentían exasperados por las presiones que ejercía el lobby "West Indian" al intentar obtener garantías para proteger el precio del azúcar antillano. Los capitalistas industriales eran liberales que obraban para bajar el precio de los productos alimenticios con el fin de mantener lo más bajo posible los salarios de la recién mano de obra obrera. Dominadora de los mares, Inglaterra abrogó la trata marítima ya en 1815, y luego la esclavitud en sus colonias en 1833. Acompañó la abrogación de un período de "aprendizaje" de cinco años que concebía como una transición para evitar el hundimiento del sistema de plantación.

El azúcar de las Antillas sobrevivió a la abolición del estatuto de esclavo de su mano de obra, transformándola en asalariados o bien recurriendo a una nueva inmigración (cf. infra). Sin embargo, decayeron las antiguas islas del azúcar de las Antillas menores según su integración más o menos acertada en el nuevo mercado azucarero.1 Las islas todavía en mano de los españoles desarrollaron nuevas plantaciones gracias a capitales estadounidenses. Así, tratándose del azúcar, Cuba presentaba una estructura socio-económica original. Sus potentes ingenios a vapor utilizaron a la mano de obra esclava hasta en 1886, fecha oficial de la abolición por España,2 es decir más de cincuenta años después de la abolición inglesa y casi cuarenta años después de la francesa (1848). Tal escalonamiento daba una indicación clara sobre la jerarquía de aquellas tres metrópolis en el ámbito de la revolución industrial. Acabar con la esclavitud duró más de ochenta años, del nacimiento de Haití a la abolición en Cuba. En cuanto al azúcar, la producción, cada vez más mecanizada, cambió de escala. De hecho, la sola Cuba producía en 1890 más de un millón de toneladas, es decir diez veces la producción de Santo Domingo en 1790 cuando aquella colonia francesa era el primer productor. Por el espacio de un siglo, la antigua "especia" se había convertido en una vulgar materia prima alimenticia dependiente del mercado del nuevo capitalismo industrial.

2.2. La movilidad de los recién liberados

En las Antillas, los Negros ya libres, teóricamente gozaban de nuevas movilidades. Se había acabado su reclusión institucional, pero los empleos que se les proponían eran mal pagados por lo que estos nuevos asalariados intentaron empezar una vida nueva lejos del sitio de su precedente situación. En las pequeñas islas del azúcar, casi no había espacio libre (Antigua, Barbados, San Cristóbal, Martinica) y la ocupación de tierras por los negros libres quedaba ilegal. Sin embargo, en las tierras de la Corona británica en el centro de Jamaica, en Guadalupe, se abrieron frentes pioneros más o menos ilegales que ensancharon el espacio de cultivo y privilegiaron los productos de subsistencia que la colonización tanto había desdeñado.

2.3. El recurso a nuevos inmigrantes: los culis de India

Para paliar la escasez de una mano de obra ya libre, Inglaterra y Francia trajeron de las Indias a culis contratados para Trinidad, Guyana, y en cuanto a los franceses para Guadalupe. También recibió el Surinam holandés a nativos de las Indias. Aquellas decenas de miles de personas llegaron durante la segunda mitad del siglo, algunos no prorrogaron los contratos y se transformaron en una mano de obra barata instalada en las plantaciones azucareras. Gentes del campo, vivían replegados sobre si mismos, mientras los Negros libres se esforzaban en alcanzar el mundo urbano.

2.4. Las necesidades de las grandes obras del continente y las migraciones al interior del Caribe

La tutela económica anglosajona (cf. 2. Ambiciones caribeñas de los Estados Unidos - La revolución de las energías y del transporte) significó la creación de grandes plantaciones de plátanos, de caña de azúcar y de cacao en las llanuras húmedas y deshabitadas de la costa caribeña del istmo, de Colombia y Venezuela. Para aquellas plantaciones, muchas veces en manos de compañías extranjeras, recurrieron masivamente a una mano de obra antillana anglófona y protestante en el seno de Estados católicos e hispanohablantes, lo que acrecentó el carácter de enclave extravertido de aquellas regiones y extendió la influencia de los ingleses en la costa del istmo.3 Aquella población de color se enfrentó a las prejuicios de la sociedad criolla de blancos que por otra parte recibía grandes cantidades de emigrados europeos que se instalaban las más veces en los valles y en el altiplano. Fue así que en Costa Rica un reglamento de 1883 prohibía a los Negros habitar a más de 800 m de altitud, para relegarles en las llanuras de la costa. La situación era idéntica, con o sin ley, en toda la costa caribeña de la franja continental hasta a mediados del siglo XX con el desarrollo de la urbanización.

Las obras importantes de infraestructura necesitaban también grandes cantidades de mano de obra. La construcción de los ferrocarriles trans-ístmicos como él de Panamá o los que comunicaban las plantaciones de la costa con las capitales del interior en Guatemala y Costa Rica, eran obras penosas, peligrosas e insalubres. El más espectacular de aquellas obras fue él del canal de Panamá que se efectuó en dos fases: la francesa en los años 1880 y la americana después de 1900. Necesitó a decenas de miles de obreros procedentes sobre todo de las Antillas.4 La mortalidad fue alta durante la obra.5 Fue en tiempos de la dirección americana de la obra cuando el doctor Gorgas estableció un lazo científico de causalidad entre la presencia de los mosquitos y las fiebres.6 Aquella población de inmigrantes vivía en Colón, ciudad que todavía hoy conserva los rasgos etnoculturales que la diferencian claramente de Panamá la capital.

El descubrimiento, a fines del siglo, del oro en las Guyanas (en particular en la Guyana francesa) atrajo también a una inmigración procedente en mayoría de las Pequeñas Antillas. Parte de aquellos Antillanos,7 hombres en mayoría, se establecieron en la región y ampliaron el abanico etnocultural de la franja caribeña del continente en el momento en que aquellos mismos países recibían une importante inmigración de origen europea.


1 Se cultivaba también la caña de azúcar en las nuevas tierras tropicales colonizadas en África y Asia. Además, el azúcar extraído de la remolacha elaborado en Francia durante el bloqueo continental se revelaba un competidor importante en el mercado europeo.

2 Muchas veces, la abolición fue la legalización de una situación ya establecida en algunos lugares.

3 Sólo durante los últimos años del siglo conquistó realmente Nicaragua su parte oriental en la costa del Caribe, incluida entonces en el antiguo Honduras británico. En tiempos de la guerra civil de los años 1980, esta región oriental todavía no había sido integrada.

4 Un informe oficial sobre el estado de avance de la obra fechado en 1886 señalaba la presencia de unos 13 000 trabajadores, entre los cuales 11 000 venían de las Antillas inglesas (9000 de Jamaica, 1344 de Barbados) 800 de Martinica, 400 de Colombia y Venezuela. Cabe notar la presencia de 6000 chinos, todos comerciantes.

5 El citado informe mostraba una mortalidad de 6,4% entre los 11 000 agentes de la compañía (incluso los 670 europeos) y de 7,2% entre los 13 000 obreros.

6 Su política de saneamiento parcial de las ciénagas, su exigencia de construir edificios bien aireados, el uso sistematizado de mosquiteras hicieron bajar la mortalidad de esta inmensa obra.

7 Al contrario de aquella movilidad de los Antillanos, muchos esclavos tuvieron que seguir a sus dueños que rehusaban el nuevo destino de la sociedad. Fue así que plantadores ingleses de las 13 colonias emigraron a las Bahamas a fines del siglo XVIII. Al mismo tiempo, plantadores de Santo Domingo se fueron a Cuba, otros se implantaron en Trinidad.

Autor(a) : Jean-Pierre Chardon
Traducción :  : Alfred Regy

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